¿Cuántas veces has iniciado desde un plano ajeno a tu punto de vista? ¿Cuántas veces buscaste respuestas en la interrogante de un extraño que parecía conocido? ¿Cuántas palabras puedes pronunciar en medio minuto? ¿Cuántos pensamientos te corroen en diez segundos?
Y tal osadía se volvió el conformismo de las insinuaciones que sufrimos del tiempo, he de caer bajo el análisis, he de convencerme que me volví de mis críticas, pero dejé de lado mis propuestas y soluciones...
Como si la verdad estuviera tatuada en cada una de los espacios condenados de mi piel, como si las quejas se amontonaran en el vientre, como si cada tacto se volviera enlazado.
Bajo el producto de las coincidencias y los eventos desafortunados encontré un baúl de recuerdos enjaulado en lo más profundo de las personas, de mi persona, como si la instancia fuera suficiente para comprender que lo que abandoné de mi fuese la necesidad más inquietante, ese momento imperioso, esa cualidad flagelada, esa sonrisa cautivadora.
En las manchas de miles de cartas podría encontrar el sentido de todas las lágrimas que han significado crecer,mientras en un frasco de caramelos se aguardan todos los buenos recuerdos para compensar las necesidades bajo la dificultad, porque no ha sido fácil... nunca lo ha sido, para nadie. Desde el mismo momento que me prometí a mi misma no dar vuelta atrás he caminado en círculos como si pudiera desestabilizar la inercia que nos acongoja. ¿Cómo le preguntas a la vida que significa realmente una lección?
Esperando entre la armadura de fuego que acalla todo intento de escape de historia se encuentra una biblioteca de momentos aguardando un lector confundido, un extraño aventurero, un niño de imaginación enajenada. Y el frasco que guarda cada palabra que no se puede inmutar desde el centro del pecho a la vibración discontinua de las cuerdas vocales, tiene la tapa retorcida, producto de todas las caídas asociadas a cada dobles de la tierra, como los terremotos que derribaron los estantes en los que procuraba tener ordenados todos los recursos para establecer una concordancia lógica entre mis movimientos y la inflación continua de las emociones que retuercen la sinapsis de mis propias neuronas.
¿Cómo explicar tantos tramos entrecortados en lo que se supone es una convicción pareja?
No encontrar respuestas, ¿Qué implica? ¿No saber leer? ¿No buscar en los lugares correctos? ¿Estar en el destino equivocado?
¿Y si existiera realmente el destino?... No sé que hay de cuestionar al respecto, porque siempre consideré que era la excusa perfecta de los hombres para justificar las falencias de las convicciones humanas, el colapso mental de las oportunidades, la bandera blanca a la vida... ¿Cómo se puede renunciar a la vida y seguir respirando?
Como es natural entre todas mis preguntas, trato de encasillarme en los lugares de cada una de mis respuestas, y creo que no soy lo suficientemente valiente para dejar de lado todas las ansias de un momento extasioso, no soy lo suficientemente valiente para renunciar a la cumbre de la idealización materializada, no, no soy lo suficientemente valiente... porque no debe haber nada más triste que vivir sin esperar que algo especial suceda, no importa cuan insignificante parezca esa magia.
Y supongo que si camino en círculos algún día podré convertirlo en un espiral y subir hasta el punto finito donde comprenda qué es lo que realmente estoy haciendo...
Blanco, negro, GRIS, mas yo prefiero el anaranjado, porque anexa una fructífera decisión a las cuestiones que nos aquejan en lo más detallado del día y la noche... El vestido que nunca quisiste vestir, cuantas vueltas diste sobre la cama sin poder conciliar sueño, la vez que prometiste sanidad y erupcionaste ante la ebriedad de las mentiras que te dijeron y los vasos que bebiste.
Consideramos que el mundo es una rutina estable, mas no he dejado de pensar en la montaña rusa que he vivido desde que tengo uso constante de memoria, y los sube y baja que significan esos borrones indefinidos de tiempo, esos de los que siempre me acuso y sanciono. En verdad no estoy segura de cuanto tiempo queda definido entre pasado y futuro, ni cuanto presente es el que estamos viviendo, es ironía, la estela de tiempo es tan delgada, pero ha tenido contexto suficiente como para generar desde el cosmos hasta el brillo que se hace en la mirada cuando tenemos ganas de sonreír.
Producto de todas los enfrentamientos mentales he naufragado y resucitado en islas desconocidas para mi memoria y los entretiempos, he descubierto sin necesidad de segundos, he ordenado más espacios psicológicos que físicos, pero nunca he de terminar, porque por las cosas de la vida, cuando la energía me es suficiente, desparramo todos los cuadernos, las fotos, las cartas, los momentos, las lágrimas, las sonrisas, las palabras, las canciones, las interacciones, las rutinas, las ecuaciones, los versos, todo, todo lo desparramo por toda la habitación, me siento libre cuando lo hago, luego pequeña, porque no sé cuantas cosas quebré entremedio, y tras entender que no hay orden que haga sentir lo suficientemente liviano para volar, emprendo un nuevo viaje, esperando no guardar más sílabas que las que escribo en mi cuadernillo de recuerdos, ese mismo que se anota cuando entrecruzan las miradas.
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