Autora

Mi foto
Ovalle, IV Región, Chile

domingo, 26 de junio de 2011

Ratos de un precipicio que llaman amor.

No puedo creer que el alma a veces se nuble tanto. Se quiebra, se rearma, se recorta, se cose, se pega, se vuela y se cae, pero siempre vuelve a tomar altura.

El soplo del viento a veces levanta las hojas muy alto, independiente de su ligereza. La caída es liviana, claro, a menos que te perfore.
Las pulsaciones a ratos se hacen incontenibles, pero, tratar de conciliar el pulso es algo sólo hecho para personas de hielo. El resto son de piel, y unas pocas son de rosas. Un roce suave y lento, que sube y baja, como una travesía de emociones que se van hilando en un camino que no tiene forma ni armonía, pero podría enternecer a cualquiera que tenga el corazón un poco menos pesado que una piedra.

A la vista simple de un hombre o una mujer las palabras no son más que letras que en conjunto son un vacío sonoro. Luego los abofetea un "te quiero" que no es nada más que un simulacro para cuando saltes y abras un paracaídas con la confesión más retumbante del mundo.
Muchas veces es incontenible, los ojos se humedecen rápido, la sangre sube de golpe, el estomago se vuelve lavadora y de un segundo a otros caímos bajo un embrujo ante alguien del que siquiera conocemos la sombra.
Otras, el tiempo puede jugar sus piezas y ante-ponerte un peón que parece débil e indefenso, para luego darle la soberanía de conquistar a un rey o una reina, no importa cuanto tiempo le halla costado, no importa cuanto tiempo estuvo atrás, esperando a que se abriera un poco la ventana y tuviera la perfecta oportunidad para robar.
Razones tiene muchas, o pocas, o más bien, en realidad depende. Las cajas de cartón tienen muchas razones de ser, pero cuando se mojan, sucumben... No es que el sentimiento sea algo que se planee, más bien, sólo llega.

No entiendo mucho de cosas, pero un cruce de miradas sería necesario para levantar algo que se calló. Lamento decir que a veces sea tan alto el precipicio y tan corta la estadía, ya que, mientras algunos pasan con sus ramilletes de flores, la caída libre aturde mis sentidos y lo más probable es que cuando esté en búsqueda del valle, vuelva a llegar al risco. Y ante el miedo de enfrentar nuevamente tu frente o tu boca, salte de él y comience otra vez, en un ciclo que sólo terminará cuando algún soldado tiré un empujón y haga desviarme de la ruta.
¿Qué tan grandes son las estrellas si con sólo el deseo de tocar alguna ya forma una quemadura en los dedos?

Mientras muchos caminamos mirando nuestros zapatos nos evitamos el embrollo de cruzarse con un engaño o con el amor más grande de nuestras vidas. Mientras muchos otros miramos con nuestras cabezas hacía el cielo, descuidamos la realidad que se encuentra al nivel de nuestros ojos, y preferimos la fantasía de un sol y una luna que sufrirán siempre la soledad de ser astros. Quizás por ello todas las penas de amor se concentran en las estrellas, son historias que siempre van a ser contadas por quienes las lean, hasta que la dichada tenga nombre de mujer, gracias a un par de locos que se encuentran y se aman ante el amparo de las millones de lejanas observadoras.

Mañana comienza de nuevo el camino al valle, tengo migas de pan, clavos y piedras para dejar marcado el camino. Quizás alguien las recoja, quizás ese es el acogido.

domingo, 19 de junio de 2011

Hola. Mi nombre es ... y estoy loca.

Muchas cosas se caen a veces. Cuando tiembla los cristales se caen de los estantes y se rompen. Son detalles.
Quizás siempre esperé que me juego de niñas no hiciera nada malo. Pero los cimientos nunca son tan resistentes.  Ningún muro estará siempre de pie. Ninguna foto se puede mantener intacta a través del tiempo. Por corto o largo que este sea.
Podría mirar mis zapatos por hora. Quién lo diría. ¿Por qué caminamos tan mal?
¿En qué minuto las desiciones se han vuelto tan retorcidas para encontrar un "hay maneras" cuando sólo debería ser "si" o "no"?
No lo entiendo. Por más que mi cabeza se repliegue y de vuelta una, y otra, y otra, y otra vez toda la secuencia de hechos... Nunca voy a entender la catastrofe que simplemente abrió un orificio en el medio de la tierra, y dejó que se alimentará de todas las cosas que mantenían las piezas de los rompecabezas unidas.

¿De verdad he hecho tan mal algunas cosas? No logró comprender cómo fui a buscar soluciones en una cascada de problemas. Porque busqué lo que alguien me robó en otros no lo han tenido...
Perdón si no tengo filtro en algunas cosas. Pero la mente ya no quiere esconder verdades para escudriñarlas entre letra y letra. Sólo quiere buscar un pacificador que la reciba con los brazos abiertos.

Temo hablar en primera persona. Lo admito. Le temo a muchas cosas, quizás a las que una persona normal temería. Pero lejos el peor temor que se encuentra encerra es la soledad. Y sin embargo, es la única que a veces se atreve a consolar algunas de mis penas. Ironía. La tragicomedia transcrita a la vida real. Un par de patadas en el trasero.
Enferma, loca, insensata. No les temo tanto a las palabra, no esperen, si, puede ser, depende de la persona que tenga el cuchillo. Entre más cerca, más profundo. Y eso todos lo saben... ¿O no?

Las partes nunca van a estar de acuerdo, nadie nunca tiene la verdad completa. Se distorciona en todos los pedazos de cristal cuando se cayó de la estantería. El que más recoge más sabe, pero más se corta.
Tengo que afirmar que yo no tengo mucho pedazos, pero la estupidez misma me hizo hacerme de los más peligrosos. Ahora yo misma tengo que preocuparme de cuidarme del filo.

Estoy enferma, otra vez, busco ocultar muchas cosas dentro de algo sencillo. Me gusta lo complejo, ocultar al mundo todo lo que pasa por mi mente en un estupido juego, quizás de niñas como dije antes. Las pequeñas no saben jugar al ajedrez, es muy complicado. Igual que la vida. Al primer jaque-mate todo se cae sobre una misma, como un balde de agua fría.
Supongo que de perder ya sé bastante, y sin embargo, me cuesta aprender mucho de lo pasó la vez pasada. Tengo una innata obstinación por ir de nuevo, volver a intentar. Volver a creer en alguien que siempre va a dar las mismas vueltas sobre mí. Mientras que los que me rodean sólo deben atenerse a recibirme.

Perdón es una de las palabras más difíciles. Pido perdón. Por ese estupido juego. Por hacer cosas y después dejarlas de costado. Por siempre empezar y nunca terminar. Pero más que nada, pido perdón por haberme creado la ilusión de que siempre que llorará iba a encontrar a alguien que me dijera "no te preocupes" "todo va a estar bien" en vez de "tienes que arreglarlo" "tienes que cambiar".
Sé que lo más probable es que luego de esto me voy a arrepentir de haber dicho tantas cosas. Pero es mejor sentir el alivio de haber dejado todo fluir. Gracias por haber soportado leer algo tan odioso. Gracias por estar   aquí, allá, o donde quiera que estas, estuviste o estarás. Supongo que es hora de ponerme el abrigo y decir adiós, hasta que todas las cosas obtengan su orden... y claro, hasta que yo pueda sonreír sin tener que haber llorado o gritado antes de ello.

domingo, 12 de junio de 2011

Amiga

Nuestras vidas no son algodones de azúcar, pero no tienen por qué no parecerse.
Las montañas rusas parecen tan entretenidas desde fuera, pero cuando te toca estar en una, como es la propia vida, la inexperiencia puede hacerlo un poco traumatico. La adrenalina dan ganas de volver a intentarlo, y luego todo parece ser tan simple como un sube y baja, giros sin dirección aparente.

Nos embarramos los zapatos, entramos a la casa ensuciando todo. Cuando todo pretende estar perfecto percatamos nuestro error, y nos culpamos por una pequeñez, que se va tejiendo como tela de araña hasta hacernos una casa. Se puede recortar con tijeras, no hay mucho de que preocuparse.

Las heridas pequeñas a veces duelen mucho, sangran un poco, pero cicatrizan lo suficientemente rápido como para olvidar. 
Voy por un par de zapatos, caminaré hasta encontrarme con alguien lo suficientemente prudente para poder decirle hola y adiós. Sé que caminaré mucho, se gastarán los zapatos. Puedo caminar descalza.
Esperare encontrarte en el camino haciendo lo mismo, o intentándolo.
Avísame si encuentras piedras en el camino, las podemos poner en un canasto y tirarlas al río, para darle una razón para sonar.
Avísame si no hay parches en la bodega, yo trataré con papeles y palabras hacer un poco de sentido.
Avísame si el globo va muy alto para alcanzarlo, con un silla lo intentaremos amarrar al piso.

**Gracias por todas aquellas pequeñas cosas. Dedicado a P.M.C 

lunes, 6 de junio de 2011

Dos pasos y un compás

Has respirado muchas veces, no tiene mucha ciencia. Aún así muchas veces se te va el aire, y el mecanismo es confuso. Las manos pueden estar llenas de espigas y al más pequeño roce doler, pero el agua tibia siempre cura las heridas, entonces, ¿Qué más estás esperando?

La verdad es que no hay tantas verdades en el mundo para poder cubrir todas las mentiras que te han golpeado, o todas las otras que te has comido, pero, tampoco hoy sol que no deje de brillar sólo porque estas un poco apartado de la suerte. Te ha costado encontrar una gota de azúcar en casas de muñecas viejas, que huelen a pasado, que no tienen los zapatitos de charol que brillaban como tus viejos tiempos.
Mientras a un costado la miel se derrama por las ventanas que apuntan a un futuro incierto, pero tierno e impaciente.

Han pasado tantos siglos desde que lo viste por primera vez, pero aún sigue siendo como el primer día, un cintillo de perlas, una guitarra, una sonrisa, una blusa roja y tus típicos pantalones negros... Estaban tan radiantes de cruzarse con la única razón de mover los pies nerviosos. La noche era cálida, pero la brisa era conmovedora.
Recuerdas también la última vez, estabas desaliñada, pero no era obstáculo, reíste, corriste por todas partes, todo calzaba ante un perfecto rompecabezas.

Al calendario le faltan hojas para contar una próxima vez, ello es demasiado incierto para ambos, pero aún así es un paso a minuto más cerca.

Te fue tan difícil encontrar un calzado casi perfecto, pero todo con el tiempo deja de ser moldeado para ti, aunque, digamos las cosas ciertas, quizás las personas no son como zapatillas, pero, el tiempo anuda los caminos, o simplemente los traza como paralelas. Miras desde tu ventana como corren, la luz de los ojos espera a que sea a tu favor, pero luego una lágrima te deja claro que no era como lo querías, otra vez...
Mejor deja de querer por tiempo, te dice tu mente. Corre por ello, te contrapone la adrenalina del corazón. ¿Cómo sobrevivir a tan mortífera batalla? Te escapas gateando de la disputa y corres.
Somos caldos de cultivo, los instintos se mezclan con las emociones y la explosión le hace el calibre a un par de bombas atómicas.

Miras al vacío. Deja de mirar algo tan incómodo, deja que pase el trago amargo, para eso tenemos chocolate. Cierra un segundo los párpados, avanza con ese compás de tiempo que te va a llevar a encontrar de nuevo a ese que tiene tus ojos colgando en aguas claras y verde-azules.