¿Por qué invade?
Necesito un retrovisor, necesito darme cuenta si voy en reversa, o es que prefiero moverme hacía los costados antes de ir hacia adelante.
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martes, 28 de agosto de 2012
jueves, 23 de agosto de 2012
Hasta siempre, pequeño trazo de lo que siempre fui.
Cuando las cumbres prometan caer, yo sabré que mi camino al cielo es infinito. Yo sé que no pretendo descubrir las palabras que fueron arrojadas por el inodoro en cada rincón de las habitaciones, en cada susurro de un muro desgastado por el tiempo en una calle a medio concurrir, pero hay unas cuantas de ellas que no alcancé a definir en mi pecho antes de dejarlas ir, y quedaron colgadas a medio corazón del tiempo, como sujetando las manillas de un reloj en un tiempo ausente, donde las personas siguen caminando pero sus miradas no encuentran el suelo donde pisan. Es curioso entenderlo después de tantos prejuicios, tantas dudas, tantas sonrisas.
¿Cuántas veces sacamos brillo a las botas favoritas para ir a caminar sobre el barro?
Jugué a las adivinanzas buscando ser el triunfador, la reina de corazones, mientras me volví la espada de los abruptos, y cada hoja que caía en mis arboledas cortaba el aire y no me dejaba respirar, podía correr siendo libre, pero las etiquetas de la ropa picaban lo suficiente para detenerme y de la nada cambiar el rumbo y la tripulación de mi viaje. Sin embargo, aquí estoy, entre sonetos cantados y bailados, esperando que la lluvia no se detenga, porque sé que su sonido es el único que puede decirle al alma que el sol siempre volverá a brillar.
¿Cuántas estrellas fugaces inventamos para todos nuestros sueños?
Reímos muchas veces buscando excusas para hacernos los desentendidos, tratar de cubrir la espalda de la verdad grabada en cada latido y suspiro, la frente, el estómago, todos los sentidos dirigidos al centro de la tierra, haciendo esperar a la gravedad para que dejara tranquila a la mente, "déjala volar", "déjala hacerme sentir viva", y mágicamente el sentimiento se hacía real, crecía, se engendraba en nuestras gargantas desataba todos los nudos que provocaba la acumulación excesiva de confesiones, de sentimientos, de vergüenzas y de rabias.
Desataste el grito más fuerte sobre la tierra, y su eco trajo de vuelta todas las fotos de la infancia, todos los aviones de papel y cada paso que no diste, pero que no te permitió caer. Hoy es así, estatua de plata, noble, serena, pero con los mismos ojos vidriosos que te conocí en el espejo, con la misma sonrisa inocente, con las mismas anécdotas, con los mismos sueños que creaban una escalera al sol, donde se acurrucaban y germinaban, creando la meta que hoy propusiste correr a tiempo...
Los jueces no son nada, los testigos, los rostros, las siluetas, siempre han de estar ahí, nunca han de tener las mismas formas, el palacio nunca dejará los pilares caer, ellos siempre serán los mismos. Sé que lo haré bien, tú también, después de todo, todo creció dentro de uno mismo, para hacernos capaces de lograrlo, sólo basta ser lo suficientemente valientes para enfrentarlo y no darlo por hecho.
¿Cuántas veces sacamos brillo a las botas favoritas para ir a caminar sobre el barro?
Jugué a las adivinanzas buscando ser el triunfador, la reina de corazones, mientras me volví la espada de los abruptos, y cada hoja que caía en mis arboledas cortaba el aire y no me dejaba respirar, podía correr siendo libre, pero las etiquetas de la ropa picaban lo suficiente para detenerme y de la nada cambiar el rumbo y la tripulación de mi viaje. Sin embargo, aquí estoy, entre sonetos cantados y bailados, esperando que la lluvia no se detenga, porque sé que su sonido es el único que puede decirle al alma que el sol siempre volverá a brillar.
¿Cuántas estrellas fugaces inventamos para todos nuestros sueños?
Reímos muchas veces buscando excusas para hacernos los desentendidos, tratar de cubrir la espalda de la verdad grabada en cada latido y suspiro, la frente, el estómago, todos los sentidos dirigidos al centro de la tierra, haciendo esperar a la gravedad para que dejara tranquila a la mente, "déjala volar", "déjala hacerme sentir viva", y mágicamente el sentimiento se hacía real, crecía, se engendraba en nuestras gargantas desataba todos los nudos que provocaba la acumulación excesiva de confesiones, de sentimientos, de vergüenzas y de rabias.
Desataste el grito más fuerte sobre la tierra, y su eco trajo de vuelta todas las fotos de la infancia, todos los aviones de papel y cada paso que no diste, pero que no te permitió caer. Hoy es así, estatua de plata, noble, serena, pero con los mismos ojos vidriosos que te conocí en el espejo, con la misma sonrisa inocente, con las mismas anécdotas, con los mismos sueños que creaban una escalera al sol, donde se acurrucaban y germinaban, creando la meta que hoy propusiste correr a tiempo...
Los jueces no son nada, los testigos, los rostros, las siluetas, siempre han de estar ahí, nunca han de tener las mismas formas, el palacio nunca dejará los pilares caer, ellos siempre serán los mismos. Sé que lo haré bien, tú también, después de todo, todo creció dentro de uno mismo, para hacernos capaces de lograrlo, sólo basta ser lo suficientemente valientes para enfrentarlo y no darlo por hecho.
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