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Ovalle, IV Región, Chile

lunes, 10 de octubre de 2011

Bomba de tiempo

Estas sentada exactamente en el mismo lugar. ¿Hace cuanto?
Por lo menos 4 meses pensaste para ti misma, y pensar que en ese tiempo tantas cosas pudieron suceder, pero estuviste ahí, firme, serena, paciente, bondadosa. Llenándote las manos de flores, mirándolas como si nunca fuesen a marchitar.

Miras al horizonte como si estuviera a tan pocos pasos, como si el cielo nunca se alejara de nuestras manos, como si las nubes sólo fueran indicio de lluvia, no de tristeza.

Y luego de hallas de nuevo sentada, y vuelves a caminar en linea recta hacía atrás en tu cabeza, el sol salió tantos días, tantos otros pareció como si nunca más fuera a salir, él, él apareció entre un par de sonrisas y otro poco de momentos, y luego el racconto se distorsiona. ¿Fue ayer? ¿Fue hoy? ¿Alguna vez fuimos? ¿Alguna vez de verdad exististe? Todo se quiebra, todo se desordena, pero no todo se derrumba... Él, él y su imagen, él  y unos cuantos sentimientos, él y sus conversaciones, él y palabras que no haz vuelto a encontrar.
Y verte sentada ahí te hace comprender que el papel en la mano no es un pañuelo para lágrimas, son un par de versos, que nadie más reconocería, pero, él y su todo, él no volvió.

¿De qué serviría buscarte bajo las rocas si ellas no tienen el suficiente espacio para verte vivir?
¿Tienes la suficiente fuerza para gritar? Las manos tiemblan, las emociones vienen como la bulimia.
Encontraste la convicción suficiente para ponerte en pie, viste como el polvo dibujó tu silueta.
El paso del tiempo era la prueba de que aún había algo que recordaba todo lo que había callado el alma, independiente de cuantos candados le hubiese puesto a él, a su nombre. Y dejas de pensar, comienzas a decir, luego vas a caminar, pero todavía le quieres, tanto como antes, un poco menos que en el silencio.

Aparentemente todo quedará ahí, ante la presencia de una silenciosa brisa, que querrá contarle cuanto le extrañas, pero nunca encontrará las palabras para hacerlo, igual que tú.
Luego dejaste de pensar, comienzas a gritar, gritar con llanto, gritar con dicha, gritar con gozo, gritar con toda la calma de la tierra, mientras la cenizas se remecen a tus pies.

Dejaste de ser un paréntesis, te volviste mayúscula, palabra, oración. Metamorfosis, justo antes de la bomba de tiempo, justo antes de que tus ojos se volvieran grises, justo antes de que la verdad fuera una gota, otro segundo de la vida.