No sé si es síntoma de la misma metodología, pero no quiero escribir metáforas esta tarde, porque me preocupa el hecho de que distiendan la realidad para mi propio placer, mientras las cosas se agolpan en el fresco de mi aliento intentando hacer un llamado de advertencia...
Y pese a todo eso, no puedo dejar de escribirlas, porque si fuera realmente cruda para escribir mi persona, sería realmente vulnerable. Es extraño, sentir más miedo a volverse frágil cuando el mundo sabe que lo eres, a sentir miedo de quedar desnuda en medio de la multitud, solo cubierta en mis palabras.
¿Y que son entonces? ¿Como explico las estrepitosas ganas de querer y de llorar?
Recuerdo algunas cosas que dijeron cuando era más pequeña, sobre no dejar que los fragmentos de historia y de corazón dominen la persona, no permitir que te vean ser diminuta, porque es el arma perfecta para fraccionar cada membrana de sentimiento; por algún motivo instintivo no puedo ni pronunciar las palabras, los consejos, las ocasiones. Sin embargo es el pero más grande de todos, como moldear algo sin separar sus partes, pretendiendo que comprimirlo hasta que se ajuste al molde es la solución perfecta.
Y ahí estoy "yo" otra vez, jugando con letras en vez de tierra, metiendo los pies en lo discontinuo de mis pensamientos en vez del agua.
Y ahí estoy yo otra vez, tocando la puerta del cuarto en el que yo misma me encerré, jugando a ser lo suficientemente fuerte para ganar las escondidas.
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martes, 28 de mayo de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Sinceramente, no puedo serte sincera.
El rocío ha cristalizado fragmentos de realidades enredados entre mis cabellos, jugando a las pasividades, a las rosas con olor a tiempo guardado. Recuperé los espacios de respiro entrecortado, los doblé en un cajón... esperé que mi personalidad se mantuviera exacta bajo la manecilla de los rompecabezas.
No entiendo realmente cómo es que lo logró, pero aquí estuve, estoy, paralizada ante la imagen mental de mi triunfo y de mi fracaso, en la competencia inminente de la supervivencia del más fuerte, el más real, el más probable... y no he de lamentar el hecho de no avanzar, pues cada paso alimenta de argumentos tu ego, mientras que el mio vive en el espiral de los días, jugando a ser prominente, escondiendo su serena fragilidad, su tierna pequeñez.
Es extraño establecer a directa proporcionalidad entre mis miedos y la risa que me dan; mas no puedo descifrar cual es la real relación entre mis dedos cruzados y el deseo continuo de ver si mis ojos son capaces de gritarte lo que se acumula intransigente en el retoque de mis cuerdas vocales, ensañándose en el momento de gritar, cautivándose bajo la profecía del colapso agri-sentimental.
¿Cuán posible es ser más del viento? ¿Cuán difícil es procrear cimientos desde lo crudo de la bahía? ¿Cuán probable es llegar al tope de tus pestañas?
Y mientras mi cuerpo se triza en el hielo que paraliza cada instante acertado, mi torso se quema bajo la unicidad de mis movimientos.
No entiendo realmente cómo es que lo logró, pero aquí estuve, estoy, paralizada ante la imagen mental de mi triunfo y de mi fracaso, en la competencia inminente de la supervivencia del más fuerte, el más real, el más probable... y no he de lamentar el hecho de no avanzar, pues cada paso alimenta de argumentos tu ego, mientras que el mio vive en el espiral de los días, jugando a ser prominente, escondiendo su serena fragilidad, su tierna pequeñez.
Es extraño establecer a directa proporcionalidad entre mis miedos y la risa que me dan; mas no puedo descifrar cual es la real relación entre mis dedos cruzados y el deseo continuo de ver si mis ojos son capaces de gritarte lo que se acumula intransigente en el retoque de mis cuerdas vocales, ensañándose en el momento de gritar, cautivándose bajo la profecía del colapso agri-sentimental.
¿Cuán posible es ser más del viento? ¿Cuán difícil es procrear cimientos desde lo crudo de la bahía? ¿Cuán probable es llegar al tope de tus pestañas?
Y mientras mi cuerpo se triza en el hielo que paraliza cada instante acertado, mi torso se quema bajo la unicidad de mis movimientos.
martes, 21 de mayo de 2013
Copa de colisiones, brebaje perfecto.
Vivir de rastros inmigrantes. La historia cuenta que bajo cada minuto de sombra una brisa eléctrica va generando un lazo entre la cornisa de nuestros labios, haciendo un puente, para que cada vez las palabras sean más directas, para que cada vez sean palabras más cómplices...
Paralelamente la construcción a sido retraída por el fulgor de las sonrisas, los silencios, benditos cada uno, la introspección desprevenida de las pupilas, cada saludo que no basto con más que un reconocimiento a lo lejos, recabando en la memoria la perplejidad de sentirse confortado por el hecho de estar ahí, a medio kilómetro de separación, dibujando vértices y curvas en la distancia de las agonías y las esperanzas, los bordes de los relojes rebalsándose de ecos supersónicos.
El cruce del asfalto sobre la tierra cruda, cruda de tiempo, estática sobre el sueño de florecer en el medio del desierto febril de las calles, enamorar a un transeúnte con una rosa en el medio de los atrasos inminentes, de las miradas discontinuas, de todos los peregrinos perdidos en la obstinación de encontrar la similitud entre éxito, responsabilidad y felicidad.
Entre cruces, entre líneas férreas se esconde el resto del contenido, somos las personas incorrectas, en el momento perfecto, de frente, de tope, de inicio, de siempre, de fin. Y no me acompleja admitirlo, la mejor decisión es avanzar en el paso frenético de latidos, pum, pum, marcha y ritmo; pum, pum, lo imperfecto de nuestros rostros que se vuelven los versos más efímeros para contar.
No sé como escribir esa clase de historia, pero sé como saborearla, sufrir el éxtasis de cada sentimiento enajenado, subir al viento entre los humos de cada promesa precavida; y eso es lo que quiero, drogarme de cada latido que se escuche de ti.
Paralelamente la construcción a sido retraída por el fulgor de las sonrisas, los silencios, benditos cada uno, la introspección desprevenida de las pupilas, cada saludo que no basto con más que un reconocimiento a lo lejos, recabando en la memoria la perplejidad de sentirse confortado por el hecho de estar ahí, a medio kilómetro de separación, dibujando vértices y curvas en la distancia de las agonías y las esperanzas, los bordes de los relojes rebalsándose de ecos supersónicos.
El cruce del asfalto sobre la tierra cruda, cruda de tiempo, estática sobre el sueño de florecer en el medio del desierto febril de las calles, enamorar a un transeúnte con una rosa en el medio de los atrasos inminentes, de las miradas discontinuas, de todos los peregrinos perdidos en la obstinación de encontrar la similitud entre éxito, responsabilidad y felicidad.
Entre cruces, entre líneas férreas se esconde el resto del contenido, somos las personas incorrectas, en el momento perfecto, de frente, de tope, de inicio, de siempre, de fin. Y no me acompleja admitirlo, la mejor decisión es avanzar en el paso frenético de latidos, pum, pum, marcha y ritmo; pum, pum, lo imperfecto de nuestros rostros que se vuelven los versos más efímeros para contar.
No sé como escribir esa clase de historia, pero sé como saborearla, sufrir el éxtasis de cada sentimiento enajenado, subir al viento entre los humos de cada promesa precavida; y eso es lo que quiero, drogarme de cada latido que se escuche de ti.
jueves, 16 de mayo de 2013
Tun Tun, tal loco iluso que grita para su latido.
Espero desde el silencio, acotar el tiempo, cerrar mis pulmones...
Soplar las verdades y estremecer tus suspiros...
Déjame entender nuestro juego, porque siento que voy por la partida, pero es muy fácil caer en el retroceso.
Déjame entender tu juego, porque pretendo que puedo visualizar tus pensamientos; mientras en verdad puede que sea quien pierda, tal loco iluso que se tropezó en una sustancial masa llamada corazón.
Soplar las verdades y estremecer tus suspiros...
Déjame entender nuestro juego, porque siento que voy por la partida, pero es muy fácil caer en el retroceso.
Déjame entender tu juego, porque pretendo que puedo visualizar tus pensamientos; mientras en verdad puede que sea quien pierda, tal loco iluso que se tropezó en una sustancial masa llamada corazón.
lunes, 13 de mayo de 2013
De frío y otras rosas
Desde el camino hacía las estrellas, es fácil empezar a escribir, por primera vez, porque los acordes retruenan y mueven con eco mis manos al lápiz... sintiendo como si pudiese expresarme perfecto dentro de mis ojos cerrados, pretendiendo no cometer faltas de ortografía, faltas a la verdad.
El otoño acontece entre nuestras pautas incesantes, las hojas están tiñendo el presente de paz, la calidez de nuestros rostros, el escalofrío que genera el roce de una gélida caricia, que sólo busca resto del fogón primaveral entrecruzado en tus dedos. Las lágrimas que se trizan en el rodar por pómulos intrascendentes, las tazas con restos de café, los secretos que robaron de tu garganta.
La brisa que logra camuflar la naturaleza invernal de mi cuerpo, las gotas que de a poco se asoman entre las nubes, la noche que nos abraza desde lo curiosa de la tarde hasta la delgadez de las mañanas. He caído en un bulto de hojas acolchadas, he previsto la sensación de un nuevo descubrimiento, luego, puedo decir al silencio, creo que más de uno se ha enamorado a primera palabra...
viernes, 10 de mayo de 2013
Cantares del abismo mental.
Retengo información, desde lo soberbio de mis decisiones, el camino de ripio, las trazas de colores, correr hasta perder el aliento, lanzar con delicadeza piedras al lago, perturbar la calma, promover su cambio.
¿Y si los días del calendario son menos que las lineas ocultas en mis manos? ¿Y si el roce de mis dedos es más frío que lo cristalina de la vertiente? ...
"Trato de no meterme en problemas, pero hay una guerra en mi mente"
Suelto información, desde lo herido de mis sentimientos, desde la euforia de muchos otros; recaído en el síndrome de la locura automática, frágil... ¿Por dentro o por fuera?. La efusividad se derrite, igual que el azúcar, igual que el tiempo, las palabras se vuelven palabras; y los silencios, un universo paralelo, un bosque inexplorado, el centro de la tierra... el plasma, la integridad que genera cada latido.
A falda larga, zapatos de charol, pelo revuelto en los intentos de despejar el rostro. La maleta en la mano, la mochila sobre el hombro, el destino es el mismo, recapacitar... ¿reconciliar?. La estela dibujó una casa sobre su duda (¿mi duda?), No podría darme cuenta que lo único que hace falta es una almohada, un momento, un espejo, desnudez de mente, gotas de agua y un suspiro; expirar la infinidad de los pétalos que se están acumulando en mi garganta...
Seco, seco... esperaría convencerme de lo contrario, mientras mi cabello esconde hombros encogidos, un motón de papeles sobre la mesa y yo, y mi inconsciente durmiendo sobre todos ellos, y las siglas dobladas en las esquinas. Procuraba ser más discreta, pero mis ojos no son lo suficientemente pequeños para disfrazarlo.
Y aquí quedó (¿o quedé?), con la misma sonrisa de siempre, la dudas anudadas en los zapatos, mejillas congeladas, ojos cerrados.
¿Y si los días del calendario son menos que las lineas ocultas en mis manos? ¿Y si el roce de mis dedos es más frío que lo cristalina de la vertiente? ...
"Trato de no meterme en problemas, pero hay una guerra en mi mente"
Suelto información, desde lo herido de mis sentimientos, desde la euforia de muchos otros; recaído en el síndrome de la locura automática, frágil... ¿Por dentro o por fuera?. La efusividad se derrite, igual que el azúcar, igual que el tiempo, las palabras se vuelven palabras; y los silencios, un universo paralelo, un bosque inexplorado, el centro de la tierra... el plasma, la integridad que genera cada latido.
A falda larga, zapatos de charol, pelo revuelto en los intentos de despejar el rostro. La maleta en la mano, la mochila sobre el hombro, el destino es el mismo, recapacitar... ¿reconciliar?. La estela dibujó una casa sobre su duda (¿mi duda?), No podría darme cuenta que lo único que hace falta es una almohada, un momento, un espejo, desnudez de mente, gotas de agua y un suspiro; expirar la infinidad de los pétalos que se están acumulando en mi garganta...
Seco, seco... esperaría convencerme de lo contrario, mientras mi cabello esconde hombros encogidos, un motón de papeles sobre la mesa y yo, y mi inconsciente durmiendo sobre todos ellos, y las siglas dobladas en las esquinas. Procuraba ser más discreta, pero mis ojos no son lo suficientemente pequeños para disfrazarlo.
Y aquí quedó (¿o quedé?), con la misma sonrisa de siempre, la dudas anudadas en los zapatos, mejillas congeladas, ojos cerrados.
viernes, 3 de mayo de 2013
Acotación (1)
... He de mencionar, que si fuera la persona correcta, no existiría el silencio incómodo, pues solo sería un fragmento de eternidad procurando la complicidad de vuestras miradas...
jueves, 2 de mayo de 2013
Poemas a primera vista
Un edificio, yo parada en el piso del infinito. Un millón de pájaros de papel vuelan interminables en el tiempo... somos dos, somos riesgo, somos cambio.
Mis promesas viajan como aviones a lo largo de las curvas que se trazan entre las nubes, aviones de papel, y cada ala tiene tatuado en tinta cada uno de mis errores, mis verdades, mis cantos y mis lamentos; como si no hubiese sido suficiente gritar desde el borde de un precipicio lo desesperado que se siente recostarse sobre cada momento navegado.
Y la lluvia... cae tan ligera y persistente, sin rozar el rostro, sin apaciguar las miradas, sin despojarlas del fuego que la vida prende hasta en las más opacas pupilas, las ganas de correr, de llorar... de reír sin apuros.
Los dibujos que dejé guardado entre los apuntes mostraron la peor parte de mi caricatura, fingir engañar a los sabios del cielo jugando a las maravillas por descubrir, siendo que el sentimiento se mantiene enlazado entre los dedos que mantienen cerrada mi puerta, entre todos los recuerdos que se desbordan con cada error en mi intento por encontrar el nuevo camino hacia la que realmente suele ser la verdad... verdad (?)
Las canciones que giran en torno al planeta ego, pero uno que es tan pequeño, de gravitación diminuta, tan pequeña que no desvía tu mirada hacia la mía, tan minúsculo que ninguno de sus tambores retumbará en el centro del universo. Tanto tiempo, tanto orgullo, tantas copas, tantas inmemorias (...)
Probablemente cualquiera ha podido sobrevivir en el medio de la nada, porque lo único que necesitamos son las esperanzas de encontrar un futuro cercano. ¿De que vivimos realmente? ¿Pasado? ¿Presente? ¿Futuro?
Y la oscuridad es un aliado a este punto de la vida, porque mientras más calladas y sombrías se encuentren las calles, más brillo tendrán las estrellas en la gloria del cielo, mientras más estrellas brillen intermitentes, furiosas, apasionadas, más valientes podrán encontrar los porqués de sus minutos, más amantes dejarán de frenarse por la vergüenza de la superficialidad de las normas.
He pretendido entender el por qué de mis peros, pero, no he logrado superar la razón de cada uno de ellos, y probablemente luego de toda la eternidad abordada bajo mis preguntas debería encontrarme sobre todo ello, haber superado la caricatura de mi misma, pero aquí he de encontrarme, pintando un infinito en el centro de mis zapatos. Aquí he de encontrarme, coleccionando mariposas en el borde de los tiempos, el eufemismo de la tierra, la blasfemia de la casualidad.
Aquí he de encontrarme, estudiando el viento con lápiz y papel, sin desplegar mis alas y perderme en el destino de mis propios versos.
Mis promesas viajan como aviones a lo largo de las curvas que se trazan entre las nubes, aviones de papel, y cada ala tiene tatuado en tinta cada uno de mis errores, mis verdades, mis cantos y mis lamentos; como si no hubiese sido suficiente gritar desde el borde de un precipicio lo desesperado que se siente recostarse sobre cada momento navegado.
Y la lluvia... cae tan ligera y persistente, sin rozar el rostro, sin apaciguar las miradas, sin despojarlas del fuego que la vida prende hasta en las más opacas pupilas, las ganas de correr, de llorar... de reír sin apuros.
Los dibujos que dejé guardado entre los apuntes mostraron la peor parte de mi caricatura, fingir engañar a los sabios del cielo jugando a las maravillas por descubrir, siendo que el sentimiento se mantiene enlazado entre los dedos que mantienen cerrada mi puerta, entre todos los recuerdos que se desbordan con cada error en mi intento por encontrar el nuevo camino hacia la que realmente suele ser la verdad... verdad (?)
Las canciones que giran en torno al planeta ego, pero uno que es tan pequeño, de gravitación diminuta, tan pequeña que no desvía tu mirada hacia la mía, tan minúsculo que ninguno de sus tambores retumbará en el centro del universo. Tanto tiempo, tanto orgullo, tantas copas, tantas inmemorias (...)
Probablemente cualquiera ha podido sobrevivir en el medio de la nada, porque lo único que necesitamos son las esperanzas de encontrar un futuro cercano. ¿De que vivimos realmente? ¿Pasado? ¿Presente? ¿Futuro?
Y la oscuridad es un aliado a este punto de la vida, porque mientras más calladas y sombrías se encuentren las calles, más brillo tendrán las estrellas en la gloria del cielo, mientras más estrellas brillen intermitentes, furiosas, apasionadas, más valientes podrán encontrar los porqués de sus minutos, más amantes dejarán de frenarse por la vergüenza de la superficialidad de las normas.
He pretendido entender el por qué de mis peros, pero, no he logrado superar la razón de cada uno de ellos, y probablemente luego de toda la eternidad abordada bajo mis preguntas debería encontrarme sobre todo ello, haber superado la caricatura de mi misma, pero aquí he de encontrarme, pintando un infinito en el centro de mis zapatos. Aquí he de encontrarme, coleccionando mariposas en el borde de los tiempos, el eufemismo de la tierra, la blasfemia de la casualidad.
Aquí he de encontrarme, estudiando el viento con lápiz y papel, sin desplegar mis alas y perderme en el destino de mis propios versos.
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