Un edificio, yo parada en el piso del infinito. Un millón de pájaros de papel vuelan interminables en el tiempo... somos dos, somos riesgo, somos cambio.
Mis promesas viajan como aviones a lo largo de las curvas que se trazan entre las nubes, aviones de papel, y cada ala tiene tatuado en tinta cada uno de mis errores, mis verdades, mis cantos y mis lamentos; como si no hubiese sido suficiente gritar desde el borde de un precipicio lo desesperado que se siente recostarse sobre cada momento navegado.
Y la lluvia... cae tan ligera y persistente, sin rozar el rostro, sin apaciguar las miradas, sin despojarlas del fuego que la vida prende hasta en las más opacas pupilas, las ganas de correr, de llorar... de reír sin apuros.
Los dibujos que dejé guardado entre los apuntes mostraron la peor parte de mi caricatura, fingir engañar a los sabios del cielo jugando a las maravillas por descubrir, siendo que el sentimiento se mantiene enlazado entre los dedos que mantienen cerrada mi puerta, entre todos los recuerdos que se desbordan con cada error en mi intento por encontrar el nuevo camino hacia la que realmente suele ser la verdad... verdad (?)
Las canciones que giran en torno al planeta ego, pero uno que es tan pequeño, de gravitación diminuta, tan pequeña que no desvía tu mirada hacia la mía, tan minúsculo que ninguno de sus tambores retumbará en el centro del universo. Tanto tiempo, tanto orgullo, tantas copas, tantas inmemorias (...)
Probablemente cualquiera ha podido sobrevivir en el medio de la nada, porque lo único que necesitamos son las esperanzas de encontrar un futuro cercano. ¿De que vivimos realmente? ¿Pasado? ¿Presente? ¿Futuro?
Y la oscuridad es un aliado a este punto de la vida, porque mientras más calladas y sombrías se encuentren las calles, más brillo tendrán las estrellas en la gloria del cielo, mientras más estrellas brillen intermitentes, furiosas, apasionadas, más valientes podrán encontrar los porqués de sus minutos, más amantes dejarán de frenarse por la vergüenza de la superficialidad de las normas.
He pretendido entender el por qué de mis peros, pero, no he logrado superar la razón de cada uno de ellos, y probablemente luego de toda la eternidad abordada bajo mis preguntas debería encontrarme sobre todo ello, haber superado la caricatura de mi misma, pero aquí he de encontrarme, pintando un infinito en el centro de mis zapatos. Aquí he de encontrarme, coleccionando mariposas en el borde de los tiempos, el eufemismo de la tierra, la blasfemia de la casualidad.
Aquí he de encontrarme, estudiando el viento con lápiz y papel, sin desplegar mis alas y perderme en el destino de mis propios versos.
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