Y aún así el sólo roce de nuestras manos hace sentir que la tierra no temblará, no nos mecerá, no nos permitirá caer. Como si no hubiera otra brisa en el mundo más que la que revuelve mi pelo sobre tus hombros. Como si no hubiera más estrellas que las que nos observan entumecidas y titilantes.
Como si fuera todo, mientras no hay nada, nada... nada.
Entre la permutación de mis sueños y realidades encontré el instante perfecto para darme cuenta de que voy sobre la rotonda de las circunstancias, hay tantos desvíos, tantos... Tantos como si pudiera pretender que la vida se convirtiera en una ruleta, y sólo juego como espectadora, pero, cada uno tendrá el turno de dar su golpe de suerte... ¿No?
Y si sólo tomo el siguiente camino... ¿Me traerá de vuelta?
Cuerda floja, brisa, estrellas, rotonda, ruleta... No soy yo, no soy una, somos dos, somos nada, somos tiempo, somos alas, soy miedo, soy dudas, soy risa, soy las mejillas sonrojadas... más nunca sabré donde terminará cada tramo, porque no soy la única que conduce.
Quiero volar, ser libre, correr con los ojos cerrados, tomar el tiempo que me sea suficiente para respirar; quiero volar... sólo necesito descansar, soñar para lograrlo; pero luego no aparezco con alas... sólo somos tu y yo, jugando a las miradas, jugando a no desbordarme del corazón y caer en el encanto que se oculta bajo tus pupilas.