Autora

Mi foto
Ovalle, IV Región, Chile

martes, 26 de febrero de 2013

Punto de fusión cardíaco.

La incertidumbre de cada paso hace mayor su eco mientras caminamos por una cuerda cada vez más delgada, corremos jugando a mirarnos a los ojos, pretendiendo ignorar el precipicio que hay bajo nuestros pies, la caída en seco, el quiebre de nuestros corazones.

Y aún así el sólo roce de nuestras manos hace sentir que la tierra no temblará, no nos mecerá, no nos permitirá caer. Como si no hubiera otra brisa en el mundo más que la que revuelve mi pelo sobre tus hombros. Como si no hubiera más estrellas que las que nos observan entumecidas y titilantes.

Como si fuera todo, mientras no hay nada, nada... nada.

Entre la permutación de mis sueños y realidades encontré el instante perfecto para darme cuenta de que voy sobre la rotonda de las circunstancias, hay tantos desvíos, tantos... Tantos como si pudiera pretender que la vida se convirtiera en una ruleta, y sólo juego como espectadora, pero, cada uno tendrá el turno de dar su golpe de suerte... ¿No?
Y si sólo tomo el siguiente camino... ¿Me traerá de vuelta? 

Cuerda floja, brisa, estrellas, rotonda, ruleta... No soy yo, no soy una, somos dos, somos nada, somos tiempo, somos alas, soy miedo, soy dudas, soy risa, soy las mejillas sonrojadas... más nunca sabré donde terminará cada tramo, porque no soy la única que conduce.

Quiero volar, ser libre, correr con los ojos cerrados, tomar el tiempo que me sea suficiente para respirar; quiero volar... sólo necesito descansar, soñar para lograrlo; pero luego no aparezco con alas... sólo somos tu y yo, jugando a las miradas, jugando a no desbordarme del corazón y caer en el encanto que se oculta bajo tus pupilas. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Parada de los errores heredados

Cae pacifica, tranquila, serena... Cae resbaladiza, oculta, cristalina... Cae perfecta, poderosa, verdadera...

Cae, pasa el límite, pausa los momentos flagelados, y explota contra lo concreto, concreto. Su eco silencia todo rastro, enmudece los latidos, se funde en el viento y sube al cielo mensajero, solo una, no tiembla, no agita, no sonroja; solo una, suficiente y devota. Ojos secos, rastro eterno.

Sentada en el borde del anden, las piernas colgando al infinito, no ha vuelto a pasar en años, nunca pasó, sólo habían escuchado historias de cuando se llevo a pioneros desafortunados, y aquí, en el tiempo, el vacío, una esfera de emociones sostenida entre los focos de los rieles, el piso revuelto en papel, para que pudieras hacer un ángel de confesiones frotando tu cuerpo contra el cemento.

Luego de dos estaciones tiene la forma de él sosteniendo tus brazos, como si el Otoño volviera a traer a los enamorados a su puerto de primavera, barcos que no zarpan en la costa, palabras que se quedan en la garganta, caricias que se esconden en las mangas sin convertirse en magia. Luego el invierno las siembra, el verano las cosecha y las madura otras tres estaciones para que el fruto sea lo suficientemente truculento para embriagar a los empedernidos consumidores de sus placeres.

Tu te escondiste en la rama más alta del alerce, los viste llegar a todos de la mano, con zapatos color esperanza, miradas curiosas, cabello ordenado, todos, nadie, sombras, huellas... Luego pasó ella, sin maletas, sin rubores, cabello al viento, mirada profunda, zapatos grises... faltabas tú.

Se sentó a esperar ningún tren, cortó millones de papeles, escribió todos sus secretos, se durmió en el borde de la vía... se marchó para siempre... el alerce dejó de crecer.