El tiempo está cayendo como gotas de lluvia, y en medio de la nada hay un vaso conteniendo los momentos, para un sediento sin idea de su destino...
"Entonces, dime cuando escuches a mi corazón detenerse, eres el único que lo sabe"
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domingo, 22 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
Cierra los ojos, alza tus manos.
¿Qué tan difícil puede ser seguir avanzando? ¿Qué tan fácil puede ser caminar en una cuerda floja?
¿Cuántos sueños cuelgan sobre las nubes? ¿Cuántas melodías quedaron atascadas en la lluvia?...
Llevo días y días preguntándome, ¿Qué es lo peor que puede pasar si vuelvo al inicio?
¿Hacer las cosas mal de nuevo? ¿Correr el riesgo y tomar un camino totalmente diferente?
Estoy empezando a convencerme de que en un principio todas las cosas eran mucho más simples, las metáforas eran más fácil de entender que la realidad que las envolvían, era entonces mucho más discreta para jugar mis cartas, era una experta para intuir la jugada de mi enemigo...
¿Y si existiera una clase de fórmula que nos mantuviera estáticos? ¿Y si es aquella la que nos hace envejecer hasta el "hasta siempre"?
Una sala llena de personas, todas con una cinta en la boca, todas las cintas con una palabra inscrita... "verdades", "sentimientos", "impulsos", "sueños", "promesas", "recuerdos". Un espejo en frente de cada una de ellas, esperando a que nos desatemos las manos y abramos la boca, para gritar, y en ese grito, decir todo lo que guardamos en un corazón, que a estas alturas, se está volviendo de hierro.
Es como si el paraíso estuviera en la punta de nuestras narices, y cuando estamos a punto de atraparlo, se escapara como una mariposa. Bajo un vuelo nítido y ligero, que cubre los errores de nuestra falta de delicadeza...
La luna no tiene suficiente polvo para cubrir todos los pecados del hombre en la tierra, por eso nunca se ha podido encontrar con el sol, para evitar su entereza, sus ganas de vivir, la energía que fluye y explota bajo los ojos anhelantes de seres a los que podíamos llamar "personas". Entre pestañeo y cada siglo, se fue borrando cada una de esas letras, y fue escribiendo "dominante", pero aún nadie sabe de qué...
¿Del apocalipsis de una historia de amor? ¿De los restos de hojas cautelosas que apilamos para hacer cemento?
Lanzarse al mar, flotar de espaldas mirando al cielo, hasta llegar al infinito, saber que as mareas toman la decisión correcta y que todas las historias de naufragio, no fueron más que los hombres que forzaron el encontrar el camino correcto, sin dejarse llevar por los vaivenes del tiempo.
La vida no es tan simple como una montaña rusa, porque no siempre va a estar llena de adrenalina, y aunque lo queramos, no vamos a poder gritar todo el tiempo las explosiones de sentimientos, las palabras de cariño, los abrazos, las caricias... Pero también hemos de confiar de que siempre existirá el momento adecuado, cuando todas las cosas estén en el perfecto orden, para que tu las tomes, o las dejes... Para que nosotros podamos ser uno o ninguno, para que ellos puedan cautivar el presente y transformarlo en un futuro que se transforme en su propio paraíso.
No podemos mover montañas, pero podemos ser lo suficientemente grandes para tocar el cielo, sin siquiera tener que levantarnos de nuestras camas.
¿Cuántos sueños cuelgan sobre las nubes? ¿Cuántas melodías quedaron atascadas en la lluvia?...
Llevo días y días preguntándome, ¿Qué es lo peor que puede pasar si vuelvo al inicio?
¿Hacer las cosas mal de nuevo? ¿Correr el riesgo y tomar un camino totalmente diferente?
Estoy empezando a convencerme de que en un principio todas las cosas eran mucho más simples, las metáforas eran más fácil de entender que la realidad que las envolvían, era entonces mucho más discreta para jugar mis cartas, era una experta para intuir la jugada de mi enemigo...
¿Y si existiera una clase de fórmula que nos mantuviera estáticos? ¿Y si es aquella la que nos hace envejecer hasta el "hasta siempre"?
Una sala llena de personas, todas con una cinta en la boca, todas las cintas con una palabra inscrita... "verdades", "sentimientos", "impulsos", "sueños", "promesas", "recuerdos". Un espejo en frente de cada una de ellas, esperando a que nos desatemos las manos y abramos la boca, para gritar, y en ese grito, decir todo lo que guardamos en un corazón, que a estas alturas, se está volviendo de hierro.
Es como si el paraíso estuviera en la punta de nuestras narices, y cuando estamos a punto de atraparlo, se escapara como una mariposa. Bajo un vuelo nítido y ligero, que cubre los errores de nuestra falta de delicadeza...
La luna no tiene suficiente polvo para cubrir todos los pecados del hombre en la tierra, por eso nunca se ha podido encontrar con el sol, para evitar su entereza, sus ganas de vivir, la energía que fluye y explota bajo los ojos anhelantes de seres a los que podíamos llamar "personas". Entre pestañeo y cada siglo, se fue borrando cada una de esas letras, y fue escribiendo "dominante", pero aún nadie sabe de qué...
¿Del apocalipsis de una historia de amor? ¿De los restos de hojas cautelosas que apilamos para hacer cemento?
Lanzarse al mar, flotar de espaldas mirando al cielo, hasta llegar al infinito, saber que as mareas toman la decisión correcta y que todas las historias de naufragio, no fueron más que los hombres que forzaron el encontrar el camino correcto, sin dejarse llevar por los vaivenes del tiempo.
La vida no es tan simple como una montaña rusa, porque no siempre va a estar llena de adrenalina, y aunque lo queramos, no vamos a poder gritar todo el tiempo las explosiones de sentimientos, las palabras de cariño, los abrazos, las caricias... Pero también hemos de confiar de que siempre existirá el momento adecuado, cuando todas las cosas estén en el perfecto orden, para que tu las tomes, o las dejes... Para que nosotros podamos ser uno o ninguno, para que ellos puedan cautivar el presente y transformarlo en un futuro que se transforme en su propio paraíso.
No podemos mover montañas, pero podemos ser lo suficientemente grandes para tocar el cielo, sin siquiera tener que levantarnos de nuestras camas.
viernes, 6 de enero de 2012
En tercera persona
Nunca pensé que llegaría a una clase
de momento como este, en el que pudiera ver en tercera persona como
todo se va derrumbando de a poco, pero mantener la calma, derramar
lágrimas calladas, sin alaridos, sin quebranto, sin locura...
Ver desde tercera persona sin sentir el
dolor de todo lo cae sobre mí, sino sólo sintiendo nostalgia por
todas aquellas cosas felices que ahora me están golpeando la cara,
todas las fotos que ahora se están peleando con el viento y todos los
momentos encantados que ahora solo se vuelven un montón de ladrillos
esparcidos por los alrededores.
Siento mis pies tocar el suelo húmedo,
acariciarlo, siento mis manos, como dejan caer millones de cartas que están haciendo metamorfosis para volverse cenizas. Siento mi
respiración, siento el latir de mi corazón pausado, y como todos
sus sentimientos están saltando por un barranco uno tras otro, pero
volviendo al final de la cola cuando llegan al suelo.Algo me tomó y
me sacó de la casa, pero no del trance.
Sigo viendo todo caer frente
mis pupilas, mientras cada vez me alejo un poco más de lo que
siempre fue mío.
- Dama, ¿Cómo empezó todo?
No escuchaba nada, hasta que esa última
pregunta retumbó en mis oídos y navegó hasta lo más profundo de
mi, pestañeé, me sequé las lágrimas que aún intentaban
resbalar.Me pasó una frazada, pero yo la rechacé, quería ver si el
humo del incendio podía fundir en mi piel muchas de las cosas que
estaba perdiendo. me alejé un poco, me senté sobre una piedra y
sostuve la mirada, primero a las personas asombradas de mi calma,
luego al último adiós que me daban las llamas, burlándose de como
me estaban abandonando mis recuerdos, la esencia de cada momento que
viví.¿Cómo empezó todo? ¿Cómo...?
jueves, 5 de enero de 2012
Desde lo más profundo a las pestañas.
Déjalo ir. Es todo tan simple como eso, pero tan difícil de reproducir.
Es donde alguna vez sentiste el extraño sentimiento de ver como las cuatro paredes de la habitación de iban juntando cada vez más, hasta convertirte en un espejismo... Una parodia de sueños, que si te fijas, se está reflectando en el espejo.
Una panorámica de todas las aventuras de un viajero, al que nunca pudo detener el amor, pero que aún así le ataba los zapatos para no tropezar en medio de las arenas movedizas, y estancarse allí de porvida...
Un niño que se sentó en lo inhóspito del desierto para ver como se movían las nubes, derramando un par de lágrimas como canje, haber si Dios se ablandaba y alzaba las manos para que comenzara a llover.
Una blanca cordillera en medio del paraíso, que conjuga en el paisaje tu mirada y mis sustantivos.
Y si me regalas una carretera, no sabría donde ir, porque cada desvío es una disputa en mi corazón, una montaña rusa de cemento en medio del amazonas, tu fragancia, tu esencia exótica que denigra a mi alma a contemplarte en alto desde lo pequeño de mis pies, desde lo delgado de mis brazos que no pueden sostener tanto sentimiento.
Correr en un campo con el pasto hasta las rodillas, sentir como tu avance mueve el mundo bajo tus pies, y como la cordura dibuja un camino que un pájaro en vuelo verá como arte de primera.
Primera, primera, p r i m e r a... una palabra que se recoge como la ropa al sol.
Nunca fui proclamada primera, pero aún así fue suficiente para escribir un par de versos, tratando de botar los pétalos de una flor ignorando los cuanto te quiero.
Y esa sensación extraña de cuando las cuatro pareces de la habitación se hacen distantes, como si buscarán su propio camino mientras te dejan al desnudo de los arboles. Que si tu cabello sintiera la brisa, podría gritar que es feliz, que si tu piel se eriza, puedes comprender que las cosquillas no son nada.
Y la peor de todas, la abrumadora realidad de que las paredes están allí, tal cuál... como si nunca se fueran a mover, porque son egoístas en no compartirte, porque son pacientes para dejarte vivir... Porque la rutina las convenció de que no estaban echas para escuchar y conmoverse...
Voy escribiendo una telaraña que es incapaz de contener presas, pero puede mover un par de montañas para que el sol salga más temprano cuando lo necesito, dime si lo necesitas. La cascada fecunda los latidos y multiplica las mariposas que desde el cielo se insertan en lo profundo de mis pupilas, mi nariz y mi boca, donde se evaporán y cantan una canción. Poco a poco se cierra en sinfonía, y mi caja de música no necesita cuerda para ver a la bailarina correr por el infinito.
Hoy es un día de esos, como todos, en donde las fotos son sólo recuerdos y las palabras son mucho argumento, pero muy poca autenticidad, donde cada sílaba es mucha cuerda y muy poco latido.
Es donde alguna vez sentiste el extraño sentimiento de ver como las cuatro paredes de la habitación de iban juntando cada vez más, hasta convertirte en un espejismo... Una parodia de sueños, que si te fijas, se está reflectando en el espejo.
Una panorámica de todas las aventuras de un viajero, al que nunca pudo detener el amor, pero que aún así le ataba los zapatos para no tropezar en medio de las arenas movedizas, y estancarse allí de porvida...
Un niño que se sentó en lo inhóspito del desierto para ver como se movían las nubes, derramando un par de lágrimas como canje, haber si Dios se ablandaba y alzaba las manos para que comenzara a llover.
Una blanca cordillera en medio del paraíso, que conjuga en el paisaje tu mirada y mis sustantivos.
Y si me regalas una carretera, no sabría donde ir, porque cada desvío es una disputa en mi corazón, una montaña rusa de cemento en medio del amazonas, tu fragancia, tu esencia exótica que denigra a mi alma a contemplarte en alto desde lo pequeño de mis pies, desde lo delgado de mis brazos que no pueden sostener tanto sentimiento.
Correr en un campo con el pasto hasta las rodillas, sentir como tu avance mueve el mundo bajo tus pies, y como la cordura dibuja un camino que un pájaro en vuelo verá como arte de primera.
Primera, primera, p r i m e r a... una palabra que se recoge como la ropa al sol.
Nunca fui proclamada primera, pero aún así fue suficiente para escribir un par de versos, tratando de botar los pétalos de una flor ignorando los cuanto te quiero.
Y esa sensación extraña de cuando las cuatro pareces de la habitación se hacen distantes, como si buscarán su propio camino mientras te dejan al desnudo de los arboles. Que si tu cabello sintiera la brisa, podría gritar que es feliz, que si tu piel se eriza, puedes comprender que las cosquillas no son nada.
Y la peor de todas, la abrumadora realidad de que las paredes están allí, tal cuál... como si nunca se fueran a mover, porque son egoístas en no compartirte, porque son pacientes para dejarte vivir... Porque la rutina las convenció de que no estaban echas para escuchar y conmoverse...
Voy escribiendo una telaraña que es incapaz de contener presas, pero puede mover un par de montañas para que el sol salga más temprano cuando lo necesito, dime si lo necesitas. La cascada fecunda los latidos y multiplica las mariposas que desde el cielo se insertan en lo profundo de mis pupilas, mi nariz y mi boca, donde se evaporán y cantan una canción. Poco a poco se cierra en sinfonía, y mi caja de música no necesita cuerda para ver a la bailarina correr por el infinito.
Hoy es un día de esos, como todos, en donde las fotos son sólo recuerdos y las palabras son mucho argumento, pero muy poca autenticidad, donde cada sílaba es mucha cuerda y muy poco latido.
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