Déjalo ir. Es todo tan simple como eso, pero tan difícil de reproducir.
Es donde alguna vez sentiste el extraño sentimiento de ver como las cuatro paredes de la habitación de iban juntando cada vez más, hasta convertirte en un espejismo... Una parodia de sueños, que si te fijas, se está reflectando en el espejo.
Una panorámica de todas las aventuras de un viajero, al que nunca pudo detener el amor, pero que aún así le ataba los zapatos para no tropezar en medio de las arenas movedizas, y estancarse allí de porvida...
Un niño que se sentó en lo inhóspito del desierto para ver como se movían las nubes, derramando un par de lágrimas como canje, haber si Dios se ablandaba y alzaba las manos para que comenzara a llover.
Una blanca cordillera en medio del paraíso, que conjuga en el paisaje tu mirada y mis sustantivos.
Y si me regalas una carretera, no sabría donde ir, porque cada desvío es una disputa en mi corazón, una montaña rusa de cemento en medio del amazonas, tu fragancia, tu esencia exótica que denigra a mi alma a contemplarte en alto desde lo pequeño de mis pies, desde lo delgado de mis brazos que no pueden sostener tanto sentimiento.
Correr en un campo con el pasto hasta las rodillas, sentir como tu avance mueve el mundo bajo tus pies, y como la cordura dibuja un camino que un pájaro en vuelo verá como arte de primera.
Primera, primera, p r i m e r a... una palabra que se recoge como la ropa al sol.
Nunca fui proclamada primera, pero aún así fue suficiente para escribir un par de versos, tratando de botar los pétalos de una flor ignorando los cuanto te quiero.
Y esa sensación extraña de cuando las cuatro pareces de la habitación se hacen distantes, como si buscarán su propio camino mientras te dejan al desnudo de los arboles. Que si tu cabello sintiera la brisa, podría gritar que es feliz, que si tu piel se eriza, puedes comprender que las cosquillas no son nada.
Y la peor de todas, la abrumadora realidad de que las paredes están allí, tal cuál... como si nunca se fueran a mover, porque son egoístas en no compartirte, porque son pacientes para dejarte vivir... Porque la rutina las convenció de que no estaban echas para escuchar y conmoverse...
Voy escribiendo una telaraña que es incapaz de contener presas, pero puede mover un par de montañas para que el sol salga más temprano cuando lo necesito, dime si lo necesitas. La cascada fecunda los latidos y multiplica las mariposas que desde el cielo se insertan en lo profundo de mis pupilas, mi nariz y mi boca, donde se evaporán y cantan una canción. Poco a poco se cierra en sinfonía, y mi caja de música no necesita cuerda para ver a la bailarina correr por el infinito.
Hoy es un día de esos, como todos, en donde las fotos son sólo recuerdos y las palabras son mucho argumento, pero muy poca autenticidad, donde cada sílaba es mucha cuerda y muy poco latido.
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