Autora

Mi foto
Ovalle, IV Región, Chile

sábado, 11 de febrero de 2012

Más yo que en primera persona.

Llevo 10 minutos viendo el guión y la hoja en blanco, y sigo con las dudas de si esta es la mejor forma para empezar a escribir algo nuevo, o simplemente empezar algo nuevo.
Como todo en la vida, nada se creara en un abrir y cerrar de ojos, nadie tocará la puerta a esta hora, ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni el día que sigue... (no es casualidad haber mencionado ese día)

Y llevo poco más de 3 oraciones, y me doy cuenta de mi extraña necesidad de hablar en primera persona cuando no puedo ver la punta de mis zapatos, y cuando suena esa canción con la que me hablabas tú.
Luego me da una rabia nefasta de quedarme en blanco cuando recién estoy comenzando a saber las cosas que quiero decir... 

Quizás sería bonito ver como las estrellas se hicieran copos de nieve, y cayeran del infinito a la tierra trayendo un mensaje único para cada uno de sus habitantes, mientras que los otros se vuelvan todos los besos que se mandaron al aire y se perdieron en el camino a casa, pero hay ciertas cosas que no van a suceder a menos que cerremos los ojos y abramos las puertas de un mundo tan entusiasta como peligroso, llamado tímidamente "fantasía". Y es verdad, porque el choque entre dos meteoros, el corte entre el cielo y la tierra es más fácil de afrontar que la caída desde un sueño a la realidad.

Después me doy cuenta de las cosas que pasan por mi cabeza, de los recuerdos amargos en la boca, de algunas mentiras, y de algunas verdades que nunca encontré, cosas que nunca dije, el cajón con todas las cartas viejas, el librillo con todas las cosas que te quería contar, sí, aún está ahí, intacto, pero prefiero olvidarlo, reemplazarlo por azúcar, risas, gritos, palabras al viento que desataban quinientos nudos de garganta, que armaban rompecabezas del alma, que derrumbaban murallas y hacían mío el paisaje.

No es dejar de afrontar la vida, es dejar de pensar en el pasado como algo malo... ¿O estoy equivocada?
¿Cuántas veces tengo que repetir eso para sentir que estoy dando finiquito?

¿Qué estoy recordando realmente? Casas de muñecas, cajas de música, juguetes, peleas de mis padres, correr por la playa, aprender que perder a alguien querido no es dejar de verlo, es asumir que una etapa de la vida se acabó y que dentro de cada uno, nadie muere, sólo crece, sólo acompaña, sólo nos alimenta con todo lo que fue: correr por el pasto, tratar de captar todo lo que el mundo ofrece, llorar por cosas sin sentido, aprender a andar en bicicleta, tener heridas en las rodillas, jugar a ser princesa, aprender que las promesas aveces no son para siempre, crecer, entender el significado de "madurar", sentirse desplazada, sentirse sola, admirar la gente que hace cambios en tu vida, aprender a mirar el mundo de forma distinta, retener el hecho de que cada cosa mala, cada caída, cada sonrisa, cada momento inesperado, cada plan que no resultó, todas las personas que se han quedado en el camino, todas las que siguen, y todas las que están por llegar son los ingredientes necesarios para entender quien soy, quienes somos, que sin todas las veces que lloré nunca pude haber sabido que significaba que alguien viniera para hacerte reír a carcajadas, y sentirte mágica, libre

Esperar mucho de las personas es lo más humano del mundo, porque esa es su semilla, esa es su esencia, esa es la sensación que hace brotar al alma como un árbol dentro de las venas la esperanza, las ansias, el vértigo, las cosquillas en el estómago, las miradas, cada segundo que se detiene para luego volverse nada.

No es que mi mente no escuche a mi corazón, es que los latidos son lo suficientemente fuertes para dejar de escuchar el entorno, mientras que la razón sólo le da la mano y le dice "vamos a caminar".