Has respirado muchas veces, no tiene mucha ciencia. Aún así muchas veces se te va el aire, y el mecanismo es confuso. Las manos pueden estar llenas de espigas y al más pequeño roce doler, pero el agua tibia siempre cura las heridas, entonces, ¿Qué más estás esperando?
La verdad es que no hay tantas verdades en el mundo para poder cubrir todas las mentiras que te han golpeado, o todas las otras que te has comido, pero, tampoco hoy sol que no deje de brillar sólo porque estas un poco apartado de la suerte. Te ha costado encontrar una gota de azúcar en casas de muñecas viejas, que huelen a pasado, que no tienen los zapatitos de charol que brillaban como tus viejos tiempos.
Mientras a un costado la miel se derrama por las ventanas que apuntan a un futuro incierto, pero tierno e impaciente.
Han pasado tantos siglos desde que lo viste por primera vez, pero aún sigue siendo como el primer día, un cintillo de perlas, una guitarra, una sonrisa, una blusa roja y tus típicos pantalones negros... Estaban tan radiantes de cruzarse con la única razón de mover los pies nerviosos. La noche era cálida, pero la brisa era conmovedora.
Recuerdas también la última vez, estabas desaliñada, pero no era obstáculo, reíste, corriste por todas partes, todo calzaba ante un perfecto rompecabezas.
Al calendario le faltan hojas para contar una próxima vez, ello es demasiado incierto para ambos, pero aún así es un paso a minuto más cerca.
Te fue tan difícil encontrar un calzado casi perfecto, pero todo con el tiempo deja de ser moldeado para ti, aunque, digamos las cosas ciertas, quizás las personas no son como zapatillas, pero, el tiempo anuda los caminos, o simplemente los traza como paralelas. Miras desde tu ventana como corren, la luz de los ojos espera a que sea a tu favor, pero luego una lágrima te deja claro que no era como lo querías, otra vez...
Mejor deja de querer por tiempo, te dice tu mente. Corre por ello, te contrapone la adrenalina del corazón. ¿Cómo sobrevivir a tan mortífera batalla? Te escapas gateando de la disputa y corres.
Somos caldos de cultivo, los instintos se mezclan con las emociones y la explosión le hace el calibre a un par de bombas atómicas.
Miras al vacío. Deja de mirar algo tan incómodo, deja que pase el trago amargo, para eso tenemos chocolate. Cierra un segundo los párpados, avanza con ese compás de tiempo que te va a llevar a encontrar de nuevo a ese que tiene tus ojos colgando en aguas claras y verde-azules.
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