Muchas cosas se caen a veces. Cuando tiembla los cristales se caen de los estantes y se rompen. Son detalles.
Quizás siempre esperé que me juego de niñas no hiciera nada malo. Pero los cimientos nunca son tan resistentes. Ningún muro estará siempre de pie. Ninguna foto se puede mantener intacta a través del tiempo. Por corto o largo que este sea.
Podría mirar mis zapatos por hora. Quién lo diría. ¿Por qué caminamos tan mal?
¿En qué minuto las desiciones se han vuelto tan retorcidas para encontrar un "hay maneras" cuando sólo debería ser "si" o "no"?
No lo entiendo. Por más que mi cabeza se repliegue y de vuelta una, y otra, y otra, y otra vez toda la secuencia de hechos... Nunca voy a entender la catastrofe que simplemente abrió un orificio en el medio de la tierra, y dejó que se alimentará de todas las cosas que mantenían las piezas de los rompecabezas unidas.
¿De verdad he hecho tan mal algunas cosas? No logró comprender cómo fui a buscar soluciones en una cascada de problemas. Porque busqué lo que alguien me robó en otros no lo han tenido...
Perdón si no tengo filtro en algunas cosas. Pero la mente ya no quiere esconder verdades para escudriñarlas entre letra y letra. Sólo quiere buscar un pacificador que la reciba con los brazos abiertos.
Temo hablar en primera persona. Lo admito. Le temo a muchas cosas, quizás a las que una persona normal temería. Pero lejos el peor temor que se encuentra encerra es la soledad. Y sin embargo, es la única que a veces se atreve a consolar algunas de mis penas. Ironía. La tragicomedia transcrita a la vida real. Un par de patadas en el trasero.
Enferma, loca, insensata. No les temo tanto a las palabra, no esperen, si, puede ser, depende de la persona que tenga el cuchillo. Entre más cerca, más profundo. Y eso todos lo saben... ¿O no?
Las partes nunca van a estar de acuerdo, nadie nunca tiene la verdad completa. Se distorciona en todos los pedazos de cristal cuando se cayó de la estantería. El que más recoge más sabe, pero más se corta.
Tengo que afirmar que yo no tengo mucho pedazos, pero la estupidez misma me hizo hacerme de los más peligrosos. Ahora yo misma tengo que preocuparme de cuidarme del filo.
Estoy enferma, otra vez, busco ocultar muchas cosas dentro de algo sencillo. Me gusta lo complejo, ocultar al mundo todo lo que pasa por mi mente en un estupido juego, quizás de niñas como dije antes. Las pequeñas no saben jugar al ajedrez, es muy complicado. Igual que la vida. Al primer jaque-mate todo se cae sobre una misma, como un balde de agua fría.
Supongo que de perder ya sé bastante, y sin embargo, me cuesta aprender mucho de lo pasó la vez pasada. Tengo una innata obstinación por ir de nuevo, volver a intentar. Volver a creer en alguien que siempre va a dar las mismas vueltas sobre mí. Mientras que los que me rodean sólo deben atenerse a recibirme.
Perdón es una de las palabras más difíciles. Pido perdón. Por ese estupido juego. Por hacer cosas y después dejarlas de costado. Por siempre empezar y nunca terminar. Pero más que nada, pido perdón por haberme creado la ilusión de que siempre que llorará iba a encontrar a alguien que me dijera "no te preocupes" "todo va a estar bien" en vez de "tienes que arreglarlo" "tienes que cambiar".
Sé que lo más probable es que luego de esto me voy a arrepentir de haber dicho tantas cosas. Pero es mejor sentir el alivio de haber dejado todo fluir. Gracias por haber soportado leer algo tan odioso. Gracias por estar aquí, allá, o donde quiera que estas, estuviste o estarás. Supongo que es hora de ponerme el abrigo y decir adiós, hasta que todas las cosas obtengan su orden... y claro, hasta que yo pueda sonreír sin tener que haber llorado o gritado antes de ello.
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