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Ovalle, IV Región, Chile

lunes, 25 de julio de 2011

Demoler Rascacielos

No pretendo embriagarme con azúcar por todas las penas que tuve que tomar como jarabe. Tampoco pretendo ser más de lo que he probado ser hasta ahora. Quién necesite un poco de mi no necesita más que eso, no necesita más de lo que puedo. Pero... (esta vida es tan loca, siempre hay peros entre las líneas, en las alas de los pájaros, en los pétalos de una flor). Pero... ¿Por qué se cierra tanto mi pecho?

He intentado respirar con los ojos cerrados, he intentado ver sin escuchar, he intentando hablar sin poder tocar al mismo tiempo. El colapso entre las emociones es un diván en el que el paciente se recuesta y su propio corazón le comienza a bombardear de improperios por ser tan incompetente, por ser tan bruto al actuar, tan débil al defenderse, tan inconsecuente al enamorarse. Aún así no hay de que preocuparse, pues el seguirá latiendo...
Tampoco hay de que arrepentirse. Me pregunto como serían mis cuadernos si la vida fuese arrepentimiento... Lo más probable es que los rayones que tratan de corregir errores tapen toda la historia de fondo, tapen toda la que se escribe hoy y también su sombra tape lo que pronto voy a escribir. Y sin historia... ¿Que sería de mí? Daría vueltas en la locura de alguien que no supo mover las piezas del juego, y que nunca encontró el botón de "reinicio", que lo más probable es que se encuentre justo en el punto donde estoy parada. Con todas las cartas a mi favor para poder ir de nuevo por lo que quiero o avanzar en busca de algo aún mejor, o algo más complejo, algo más simple. O en el mejor de los casos, algo para mí.

Quizás podría romper todos los relojes de arena y hacerme un desierto, plantar un árbol para sombra, hacer una casa y poner flores en los costados para que el futuro no sea tan incierto. Pero, no podría dejar volar por mucho tiempo todas las mariposas que tengo alojadas, ni las que guardo en casos de emergencia en el baúl de medicamentos, ni las pocas que aún esperan en el botiquín.
Podría poner un cerezo en la puerta, porque sus frutos tienen forma de corazón, pero sería nada más que la idealización de la sequía que hay en el entorno.
Podría comerme todos los relojes que hay en la habitación, pero los errores van a seguir retornando con los sonidos de un corazón roto.

Mejor vivir hoy, mejor seguir hoy, mejor dar vuelta otra página, mejor adornar los bordes para que cuando tenga que leer el cuento a alguien más, no sufra el descuido de un despecho o la falta de atención de la caída libre.
Mejor mirar al cielo y a la tierra, mejor dejar de ver el horizonte como el futuro, mejor avanzar en presente continuo, dejando huellas en el pasado, pero nunca en el futuro. Mejor demoler rascacielos para poner casas de campo, es mejor no ensuciar la recepción de lo que los sentidos tanto anhelan.

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