Mis pasos están siendo tan pequeños, y no entiendo porque...
Hay una necesidad innata de escapar del centro del mundo, mientras el suelo te empuja hacía el, mientras las lágrimas se hacen un camino entre las grietas de la tierra para llegar a su corazón y ver si el cielo quisiera llorar con él.
No hay momentos para esperar, pero tantos para volar, basta con cerrar los ojos y dejar escapar las alas que escondemos en lo más profundo del tiempo, cuando las cosas dejan de ser ciertas o falsas, cuando el reloj no existe, cuando tu mente y la mía no son distintas, cuando los corazones van a encontrar la manera de latir al mismo tiempo, cuando las distancias de la vida no son un referente para hacernos llamar seres con experiencia.
He puesto cada momento en disposición de cada cosa que creí cierta, luego una ola de palabras pudo derrumbarlo todo, y aquí estoy, no sé si a la deriva, no sé si a la mirada, no sé si en las alturas, o cayendo de un mundo que se quiebra igual que un lápiz, pero más parecido a como se quiebra una persona...
He tenido tantos días número uno, que no sé si existe realmente un principio para cada uno, ni tampoco finales, porque en realidad somos un círculo, el infinito no es suficiente como para comprenderlo, pero quién sea capaz de definir el mundo y sus infinitos puntos que se mueven desde las estrellas a la luna, es el mentiroso más grande del mundo.
Y entre flor y flor cada pétalo esconde una promesa que hizo el hombre, cada brisa esconde una canción de amor, y cada grano de tierra en el mundo es una gracia de vida, la ceniza del que calló en el intento de descifrar los secretos que esconde el sol bajo sus explosiones fugaces, bajo su calor que refugia a los amantes, y su brillo que hace resplandecer las miradas, justo en ese momento preciso en el que estás frente a mí.
No sé si el tiempo se acaba, no sé si el tiempo comienza, sólo sé que estoy aquí, y aún no se bien a donde debo ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario