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Ovalle, IV Región, Chile

jueves, 13 de diciembre de 2012

Margaritas y Perjurios.

Margaritas para las madrugadas, me hes imposible mentir.
La realización de cada latido se me hace tan ajena como fijarme el punto donde empecé y donde estoy hoy, entender como cada "clock" se ha transformado más que una transición exacta de tiempo, sino en una multitud de sueños, trofeos, gritos y tragedias acopladas en el borde de la garganta durante la dicha y desdicha de cada ciclo.

Pies desnudos, pero el rostro nunca despejado... ¿Es ese el error?

Y bajo mis cimientos sé que se espera un volcánico momento, naciendo en el fondo de mi alma, guardado como tesoro de un pirata a medio perder en el medio del océano, un siglo perdido bajo las arenas del desierto y fuera de mi sumisa sonrisa. Las palabras que se escapan al resplandor de mis ojos en un amanecer, más sincero que el eclipse de los mismos cuando se escapa el sol.

He sentido al pensamiento apropiarse de la sangre que corre por mis venas, por momentos detener el locomotor de vida y hacerme sentir el frío de la lejanía, como si pudiera inocentemente contar cada paso desde hoy hacía mañana, desde ti hacia mi, desde la tierra al paraíso; y es tan momentáneo que cuando lo percibo, entiendo que la ceguera no ha dejado ver el puente que hace cada uno de esos pensamientos para unir todo lo anterior.

No es tiempo para bajar los brazos, NO! no! no! NO!
Y si entre medias estrategias mi mente queda en blanco, no habrá estruendos necesarios para desnudar mi sueños a mis fracasos, es una cima, un estruendo, una carrera con una meta aparentemente lejana, pero tan alcanzable. Soy yo, es el espejo, y toda la electricidad que rebota en el espacio entre mi figura y reflejo.

No es descriptible, es una apuesta, es mi actitud, mi madurez, es tiempo, siempre lo ha sido.
Cada avance es uno menos, cada lágrima es un futuro triunfo, cada caída es una mano para levantarse más cerca del final, cada triunfo es un gusto a poco, cada pérdida es el anhelo de correr más rápido a ello.

La verdad que traspasa cada instante y vuelve efímero el cemento, la piel dorada del viento, pidiendo a gritos que sea expulsado cada roce, cada mirada. 
Perjurios para madrugada, los que he de repetir cada vez que se entrevea una piedra titulada "date por vencida".

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