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Ovalle, IV Región, Chile

viernes, 4 de enero de 2013

Sinfonía de cuentos acumulados.

No puedo escribir las palabras que en este momento son precisas, pero asumir que en algún momento estaré pretendiendo que soy lo realmente libre para entender que cosas son las importantes dentro y fuera de mí me es suficiente.

Deja Vu, cada parpadeo se volvió uno, cada suspiro se convirtió en la historia para otro, así construí una escalera gigante, me senté en la luna y miré desde allá arriba como crecían las estrellas en la oscuridad del espacio, del tiempo, de las palabras y el sueño de cada uno de los que estaban en el suelo firme. Surgí desde las raíces de mi misma, perdí el fruto y las semillas se fueron entre medio de la brisa, y ahora con las rodillas descubiertas y la frente en el horizonte intento encontrar donde florecieron todas las palabras y sentimientos que en algún momento procuré sembrar.

No dejamos rastro, entre saltos de línea intente buscar las palabras ocultas y no las encontré, aún así ideamos la forma de hacer un camino hacía nosotros mismos y la ruta de aquella paloma blanca que solemos llamar paz, ¿Por qué no lo puede ser una negra, una gris? ¿Son demasiado comunes para que suceda?...

Luego entre coma y coma entiendo cosas pequeñas, que se vuelven gigantes. Gigantes de carne y hueso, gigantes de corazón, los que encontraron todas las piezas perdidas, formaron un puente y me toman de las manos cuando no soy lo suficientemente elocuente para entender como se supone que debo cruzar un río. Y están ahí, siempre, quizás tú me veas en ellos, como yo te veo a ti. Y para cada uno hay una tabla, llamada momentos, que se susurró en un libro escrito con millones de historias, felices, tristes, dramáticas, como todo buen libro siempre tiene, las hojas más importantes de cada uno están bordadas con un línea dorada, que tiene calcado con cenizas "experiencia" y se inyecta como la heroína, te sube, te baja, te envuelve hasta hacerte bullir en medio de la euforia de todos los locos melancólicos y los ebrios de dulzura.

Un columpio que se sostiene entre los deseos de ser una estrella fugaz y los de ser el afortunado de encontrarse con una cuando los brazos están a medio caer; se sostiene entre tu y yo, el viento que pasa en el espacio entre nosotros, mientras que la atracción se hace inminente, es ley, no importa cuanto te quiera, cuanto te maldiga, cuanto te odie.

... no importa cuanto te quiera, te maldiga, te odie.-

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