No sé si existen las suficientes preguntas para rebuscar los pequeños fragmentos que se han acumulado bajo las estancias de mi pasado, o de mi presente, o como sea que se llame lo que ahora vivo, y que ahora ya es experiencia...
Me he interrogado la verdadera utilidad de las frases prefabricadas, sólo son el argumento perfecto para no reflejar todo lo que se siente, son las excusas favoritas, las mentiras perfectas... los pretextos socialmente aceptados; para evitar expresar la fragilidad de cada uno de los latidos que significan las miradas, los tropezones, las metas cumplidas...
Y en mi contraparte se encuentra la facilidad que permiten para la disolución de los conflictos gramaticales que existen anonadados en cada pronunciación, como facilitan la tarea de hilar y desahogar la impaciencia, la ignorancia, la insatisfacción lingüística...
En una metafórica lucha entre las insimilitudes de los contratiempos, es estruendoso el sonido de caos que se genera cuando las búsquedas chocan de pleno entre lo socorrida que se encuentran las almas, no, mas es ocasionalmente parte de nuestras vidas generar luz para mantener las estrategias al borde de la adrenalina, no me preguntes, pero la calma que me permite tener el estallido de cada una mis sinapsis es infinita, tanto que su duración es insignificante, pero lo suficientemente placentera. Entonces, he de decir que prefiero no aquietarme las vueltas exacerbadas, porque aunque la multitud las encuentre injustificadas y peligrosas, yo les agradezco la pureza que implican en cada pretexto de creación, de decisión, de porvenir.
Y la sonrisa está ahí, pese a la coordinación no aleatoria de los apaciguados momentos, porque es lo mejor, porque es lo más gratificante bajo el límite de la ignorancia y el conocimiento, y mientras no estalle la bomba de tiempo, he de seguir así, con la risa enmarcada y los ojos entrecerrados, esperando enfocar los pensamientos precisos para sobrevivir.
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