Cómo me gustaría encontrar la secuencia temporal de sustantivos y verbos para describir lo que está fluctuando justo ahora dentro de mí, tan delicado, tan mío...
Trato de pensar en las múltiples sensaciones que me corroen, pero sólo se pone mi piel de gallina, mientras mi mente viaja en un estado descomunal de pretextos y recuerdos grabados. Y es como si el tacto hubiese dejado un camino de ceniza, del que puedo recordar cada momento continuo iniciando un vaivén de multitudes, nuestras manos danzantes, nuestros ojos exploradores...
Me aquieto bajo el propio sentimiento del recuerdo, me inquieto ante la esperanza de forjar nuevas travesías desde tu cuello a mi cintura. Nunca tuve tantas ganas de escribir los latidos rápidos de mi corazón, nunca me costó tanto hacerlo bajo la necesidad. ¿Quién eres? Porque todavía no existe una concordancia lógica entre las cosquillas y las reglas morales, pero, en el fondo del pozo, la entidad no se estremece ante la inquietud, más bien, genera la intriga suficiente como para pavimentar el suelo de mariposas... y esa debe ser la razón de por qué me produces tanto.
No me agrada el cliché, menos los hegemónicos convencionalismos, mas, he aprendido tanto de mis ojos que memoricé las lineas remarcadas entre un más y menos, como si solo la visión fuera suficiente para entender el mundo, como si fuera nuestro secreto, como si fuera sólo mío...
E inundada bajo la curva que entretiene tu palpitar y las pocas filosofías que me agrada resolver, he de estar ahí, dibujando las mamparas que fraccionan todos esos espacios de tiempo que guardé para mi, guardándolos en una caja musical, para cuando sea un caso de emergencia, cuando un error de lectura se vuelva a corregir, cuando la duda te consuma, cuando tus miradas me consuman a mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario