El rocío ha cristalizado fragmentos de realidades enredados entre mis cabellos, jugando a las pasividades, a las rosas con olor a tiempo guardado. Recuperé los espacios de respiro entrecortado, los doblé en un cajón... esperé que mi personalidad se mantuviera exacta bajo la manecilla de los rompecabezas.
No entiendo realmente cómo es que lo logró, pero aquí estuve, estoy, paralizada ante la imagen mental de mi triunfo y de mi fracaso, en la competencia inminente de la supervivencia del más fuerte, el más real, el más probable... y no he de lamentar el hecho de no avanzar, pues cada paso alimenta de argumentos tu ego, mientras que el mio vive en el espiral de los días, jugando a ser prominente, escondiendo su serena fragilidad, su tierna pequeñez.
Es extraño establecer a directa proporcionalidad entre mis miedos y la risa que me dan; mas no puedo descifrar cual es la real relación entre mis dedos cruzados y el deseo continuo de ver si mis ojos son capaces de gritarte lo que se acumula intransigente en el retoque de mis cuerdas vocales, ensañándose en el momento de gritar, cautivándose bajo la profecía del colapso agri-sentimental.
¿Cuán posible es ser más del viento? ¿Cuán difícil es procrear cimientos desde lo crudo de la bahía? ¿Cuán probable es llegar al tope de tus pestañas?
Y mientras mi cuerpo se triza en el hielo que paraliza cada instante acertado, mi torso se quema bajo la unicidad de mis movimientos.
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:)
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