Cuarto rectangular, paredes blancas, un banquillo donde acomodarte, tu humanidad frente al espejo... la conversación más compleja, la mirada más profunda.
Los defectos ensucian las paredes, las virtudes la llenan de ampolletas.
"No eres tú, soy yo..." le dijo a su reflejo. La realidad explotó de certeza... ¿Qué se supone que debe significar ahora ese cliché?
No se puso maquillaje, de haberlo hecho se hubiese corrido, porque tiende a fragmentarse, con el tiempo aprendió a perder el miedo a ello, es más fácil, la incomodidad no se acumula en los cuartos vacíos del corazón.
Yo escondo mis versos en un saco de harina, y tu la lanzas por los aires jugando a que la nieve es un invento del tiempo, que puedes ser feliz sin nada más que tus pies danzantes, que no tienen ritmo al cual seguir.
Tu pegaste fotos en todos los muros, dibujando un camino de años, la línea más perfecta enclaustrada en un reloj, y yo decidí revolverlas, para que nuestros rostros cansados no sean tan constantes.
Yo perdí el ritmo, las manos me duelen, hay un sonido que dejó de retonar adentro, un nudo que se desató, pero desbordó la marea que contemplaba pacífica todas las esperanzas, esas también, las que juegan a subir a la cabeza. Hoy no hay reflejo, ¿no?
Los vestidos son holgados, los cabellos cortos, los ojos están dormidos, pero en su inconsciente desbordan de la flamante vida, el especular deseo... ese mismo, el que no supiste revivir cada vez que analizaste mis pupilas.
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