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Ovalle, IV Región, Chile

miércoles, 11 de septiembre de 2013

De tu semejanza a su tormento.

Amalgama de colores, es la droga que necesitas en este preciso momento, mas el miedo de caer te recae en el fondo de los estrechos latidos que aún intentas acallar desesperadamente. Como intentas explicar la degradación de una hoja que cayó en otoño y ahora no es más que un rastro disfrazado de cemento, aguardado entre las caricias de las experiencias, las notas musicales que hacen que tu piel se ponga de gallina.

Escuchaste a la luna disparar un rayo de luz en el medio de tus miedos, se condensaron bajo el eclipse de todas tus expectativas, era una tarde canela, una sonrisa distraída, las mismas preguntas de siempre...

Eras un barco que zarpó antes de tiempo, en un puerto perdido entre secretos y eufemismos, nunca supiste si volverías a tierra algún día, pero, extrañamente, es tu misma mirada convocatoria suficiente para revolver al planeta y establecer cimientos en lo más propio de la condición humana. Eras un pájaro que se robó la carta de amor de una prostituta, prescribiendo la historia de un destinatario que nunca supo que sucedió entre dos atardeceres. Eras noche, pero en lo lánguida de la ciudad que te contempla se apagaron las estrellas, y yo, desde mi propio lado del universo, sólo necesito de mi tiempo para poder contar cada una de ellas... nunca te diste cuenta, nunca, porque en mi rincón preferente del espacio he contemplado lo suficiente para escribir historias de la niña que te observa como si la vida no te fuese suficiente.

Eres brisa entrecortada, la que es fría pero acongoja los abrazos de un par de desdichados que necesitan compartir algo más que su calor. Eres río tormentoso, pero nunca vas a dejar hundir las cenizas de todos los cuentos que algún día voy a terminar de fragmentar entre tu silueta.

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