Es raro pensar en como la mente puede teletransportarse a través del tiempo, como las imágenes vuelan dentro de los recuerdos, como cada minuto parece correr, mientras cada hora se hace pasiva a dejarse ir.
La última vez que cerré mis ojos para mirar lo que sucedía dentro de cada uno de mis respiros, no supe cuanto demoraría en despertar, y fue tan extraño el reconocer que pese a todas las dimensiones que pudieran existir en el universo, yo me sentía tan cómoda en el vaivén de los pensamientos y la fastuosa realidad...
La mirada de niña sigue presente... pero, cada vez se hace más cuidadosa, más soñadora y más realista (suena muy incoherente, pero, fuera de todos los márgenes que determinan la cordura, para mi es algo fehaciente)
Y entre cada verso que resonaba en mi cabeza, las palabras estaban dando bote, los lugares dejaban una sombra, pero los suspiros eran una fuente inextinguible de todo lo que hace girar el mundo, esa luz de la vida, esas mariposas en el estómago, ese sendero que sabemos que va donde queremos, pero optamos por el más difícil... ¿Será que tenemos una tendencia innata a querer aprender?
Y es extraño, otra vez, es extraño como pensar que el tiempo puede hacer al cuerpo madurar, y a la mente subexistir como su alter-ego, y que cada vez que se complementan, es porque algo grande va a suceder, como si las estrellas fueran a colisionar, como si el universo se fuera a detener, como si del cielo bajará un pétalo, que tiene escrito lo que más quieres en este mundo.
No entiendo, me ahogó, nado, salvo, busco, encuentro, pierdo, gano, retrocedo, avanzo, pero nunca puedo borrar, ninguno de nosotros lo ha podido hacer... ¿Cómo cambiar esa historia?... es una pregunta estúpida, que si llevo poco tiempo con los pies sobre la tierra, y todo el otro tiempo en que mi mente se encuentra más allá de los lugares que con alas yo podría llegar, he aprendido que bajo todos los errores que se alojan en mi vientre, cada uno a subido por mis entrañas a ganar un pedazo de mi corazón, por diminuto que sea...
Entonces los segundos se hacen minutos, los minutos horas, y voy entendiendo que cada tropiezo se hace mío, y desde que se hace mío, se atesora, se vuelve experiencia, y se trata de cada uno, tomarlos, pasarlos al limpio en un cuaderno de recuerdos, y así, cada vez que volvamos a él no será mirado con dolor, no será mirado con vergüenza, si no con claridad, y la suficiente serenidad de que hoy, me paro erguida y camino en línea recta, gracias a todos esos pedacitos de mi corazón que han forjado mi persona y me han permitido dar pasos firmes en busca de los sueños que aún me faltan por cumplir.
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