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Ovalle, IV Región, Chile

domingo, 6 de mayo de 2012

La ciencia que mueve una muñeca en su caja de música

No hay instancias, son condiciones... quizás son dialectos.
La memoria es tan frágil, siempre me lo repiten, mas no he alcanzado a calcular cada rincón en el que fluctúan versos, en los que puedo sentir suspiros, en los que se guardan sonrisas, en los que hay encajonados temores, en lo que se calla todo lo que debería ser el mundo...
Donde hay una bailarina, que no necesita ritmo para componer armonías con sus pies, solo necesita un poco de espacio, miradas en silencio, ojos cautivados por la quietud de sus pasos, de la facilidad que tiene para volar por los aires y llegar como una pluma a roce con el suelo, en vida con el corazón de la tierra, porque cada vez que posa sus pies en el suelo nace una conexión inexorable de su alma con el resto del mundo.
Entonces todas las veces que alguien cayó al suelo y aprendió de su caída se guardan en sus rodillas, para aterrizar con el equilibrio perfecto, sin dobleces en sus decisiones, sin tiempo de dudas, sin fantasmas del pasado.

Click, clock, bum, BAM!

Navegaría todos los mares por encontrarme en el centro de la tierra, aprendería en el camino como funcionan las alas, y podría tejer un par, aprender lo que nace sobre el cielo y hace destello de los sueños de los muchos que miran con ojos compasivos, buscando un amigo en una noche sin esperanza, tratando de contar un secreto en medio del bullicio de una fiesta donde se empezó a dar un paso en falso, y se transformó en la nueva verdad del camino...

Podría buscar un muro lo suficientemente grande para escribir la verdad de mi propia vida, todo lo que nace desde lo profundo y se expulsa con cada mirada, con cada sonrisa, con cada lágrima, porque como alguien me dijo alguna vez, "Las lágrimas son pedazos del alma que desean salir buscando luz, cuando sólo hay oscuridad." Y si lo pienso, creo que todo comienza a tener un sentido, pero no una explicación, porque si los arboles dieran flores en mitad del invierno nadie podría asegurar si la realidad se ha tergiversado, o si los sueños han logrado invadir nuestras vidas.

Aprendí a pestañear sin perder la mirada de un punto fijo, aprendí a soñar, no sólo dormida, también despierta, aprendí que el tiempo se puede detener, sólo basta un roce, que cuando vuelve a la normalidad ha avanzado el reloj en tantas millonésimas de segundo, que puedo visitar el futuro, antes de volver a poner los pies sobre la tierra.

Aprendí que para bailar ballet no se necesita técnica, sólo un par de recuerdos, unos tantos suspiros, una sonrisa, y un latido de corazón, para poder seguir en pie para cada melodía.

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