Cada vez que ocurre un quiebre los latidos de mi corazón necesitan días y semanas para poder volver a su ritmo pasivo, pero aún así, nunca lo recuperará del todo, y entre todas las palabras bonitas, entre un par de papeles escribiré tu nombre, los guardaré en un bolsillo y esperaran allí hasta que el azar de recogerlos me saque una sonrisa, un brillo en los ojos, y un suspiro de esperanza a que pronto vienes por algo mejor.
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