Luciérnaga, un brillo en medio de la estela, manto tierra, susurro, escalofríos, palabras a la deriva.
No pretendas que el tiempo va más lento o más rápido, sólo escóndelo en un cajón, que las semillas de la vida se escondan bajo las pestañas no es un misterio, lo que lo convierte en un enigma es descubrir que fruto bajarán al mundo algún día.
No cierres tanto los ojos, no los ocultes al mundo, bajo las miles de estrellas que custodian tus pasajes sobre le difusa verdad del destino, experimenta la paciencia del vientre de la órbita de los corazones, las sílabas del viento, las canciones de las montañas. Y mientras el sol trata de hacer espejo de tu mundo en un eclipse contra tu mirada tu bajas la cabeza por miedo a que la colisión entre los asteroides de tus respiros te muevan cinco centímetros más lejos de lo que deseas estar de una persona en todo el planeta.
Y cada movimiento genera una onda sonora imperceptible a aquellos insensibles de piel, mientras que los soñadores están atentos a la canción, pero no tienen voz suficiente como para dejarla salir, es el colapso de los sistemas, el estándar de la locura, un agujero negro que consume la oscuridad y quema los recuerdos de las mentes dolidas, una luz que brilla más allá del infinito, que retuerce la realidad para volverla un arco iris del que cualquiera podría resbalar y caer en el paraíso.
Es cada deseo vuelto ceniza, que se esparce en el aire, se respira y se vuelve un poema de latidos, de sensaciones, de cosquilleo, las mariposas que nunca pensaron volar dentro de mi, la cristalina agua que lavó los cabellos del principio y los convirtió en final, con cierre de oro, adornando al viento con una corona de plata y al cielo con broche de oro.
La noche se hizo un vestido de tela y cosió entre cada uno de sus respiros un foco en el tiempo, un tartamudeo a la esperanza, una cascada fugaz de sinsentidos en el haz de la vida y la muerte, la palabra perfecta en el centro de la tierra, que está esperando el para siempre que divaga justo en el vientre del bendito roce entre los sueños de la sirena y el marinero.
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