Quizás el tiempo perdone el pecar de credulidad y de inocencia, pero caminar con los ojos vendados no es un desafío. Es mi propio luto para encontrarme con tu tormenta, que aún remese.
Puede que en un tropiezo alguien me recoja, y cuando levante mi ineficiente venda, vea la verdad que me faltó de ti, cordura.
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