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Ovalle, IV Región, Chile

lunes, 14 de marzo de 2011

Boleto de ida y vuelta.

Tengo una consecuencia, un marca-pasos que quedó como un violín mal afinado. Pero que de tanto en tanto, logra interpretar las suficientes melodías para hacerlo latir a un jazz o un bolero, que no necesariamente es triste. Si bien, a veces el vuelo parece en picada, el corazón, la mente, el sentimiento, es como un volantin, quien lo jala, Esperanza. Siempre en el rincón más estupefacto de nuestra memoria. Esperanza. Dulce, fuerte, casi eterna. Memoria. Amarga, suave, Frágil, momentánea.
La vida vista desde tantas perspectivas, sin embargo, todos se adhieren a una, perdiendo el verdadero significado. Abrir los sentidos.

Los arsenales. Tiempo, Edad, Margenes, Normas. Tan concretas como una piedra, tan pesadas como una misma, pero tan decaídas como tu cabeza. La mía también. Decir que uno siempre está feliz, es una falacia. Pero dejar de sonreír por sentirte mentiroso, es el peor pecado.
Que quizás si he caído con una piedra más de 10 veces. Quizás tengo suturas débiles en el cuerpo, que con un roce se hacen sentir otra vez. Quizás mi memoria puede ser un poco más contradictoria, y cuando se acuerda de todas las huellas que hay en cada lunar del cuerpo y del alma, se envenene.
Quizás cada vez que mira de reojo al pasado se da cuenta de todas las vueltas en círculos, se da cuenta de todas las órbitas que se centraron con respecto a un sol que de cada cuanto se apaga y luego vuelve a brillar.
Tal vez ver a mi luna un poco marchita sea suficiente para dejarme contra la pared mirando a las estrellas y rogándoles por un perdón, por un deseo para poder encontrar una flor lo suficientemente colorida para prenderme toda la vida, una caricia para darme cuenta de todo lo que aún no he perdido.
Pero, al final, el dolor es algo que viene con el boleto de ida, y no con el de regreso. Porque cada vez que se apague, colocaré en mi tejado las ampolletas que llevo en los bolsillos, cuando vea que mi órbita va hacia ti, daré la vuelta, aunque sepa que podría devolverme si lo pidieran, pero nunca lo hacen, la gravedad y la inercia te empujan de vuelta a ello. Pero si fueran necesario, caminaría hasta estar lo suficientemente lejos de ello.
Ojalá pudiera caerme cuantas veces sea necesario, porque la experiencia hace todo lo que nosotros conocemos en nuestra vida.
No me importa tener que eclipsar cuantas veces sea necesario mi luna para poder rellenar sus cráteres de fuego y frío.
Dejar de rogarle a las estrellas, que no son más que nosotros.
Si al final, la vida sin un poco de lucha no tendría victorias. La felicidad no sería nada sin haber sentido algo de pena.

La vida es un susurro. Sólo los dispuestos a escucharla entenderán que es lo que quiere decir al mundo

Vivir para Crecer
Crecer para Creer
Creer para Soñar
Soñar para Vivir.

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