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Ovalle, IV Región, Chile

miércoles, 2 de marzo de 2011

Cáscara de Nuez

Un ensayo. La preparación a todo lo que viene, a todo lo que nos van a tirar como baldes de agua fría.
Quizás una sucesión de sueños que nos estafan la realidad, pero que al final, acomodan las piezas de un rompecabezas que no ha podido ser resuelto. Tantas piezas como momentos, como una memoria que pareciera ser un bolso con espacio suficiente para guardar la existencia, en cada rincón algo inesperado. Y cada vez que metemos la mano para sacar a flote lo que necesitamos, nos damos cuenta que tomamos algo totalmente incorrecto, pero, para nuestros ojos, es un tesoro enterrado en arena y cenizas de los buenos y malos tiempos, o quizás, solamente tiempos.
El papel que quedo abandonado en la playa, o el cigarrillo que se consumió mientras lo dejamos en el olvido de una llamada o de un beso.

Abrir una cáscara de plátano y encontrar una manzana. Poder tirar una piedra a un espejo y transformarlo en una ventana. Porque si en realidad existiera el reflejo, la vida podría ser mucho más esperada, pero con ello, las sorpresas se harían tan decadentes como el papelografo. La película podría tener muchas más ángulos, que en el cielo se van a poner de trasfondo cámaras y fotografías que no se pueden ver sobre la mesa, quizás sólo bajo las sillas o adentro de los corazones.

Quizás las llaves ahora se llevan en los calcetines, nadie quiere que revisen sus bolsillos y toquen los recuerdos más íntimos del camino, o quizás es simplemente miedo a encontrar un cascanueces que deje al descubierto el desnudo de su interior, a un mundo donde las miradas no dan a basto, y desbordan el océano con sus dirigidas de prejuicio o aprobación, la segunda menos existente, la primera traspasando los límites.

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